Utah Jazz tras el traspaso: ¿más cerca o más lejos de playoffs?


Hecho primero. Los Utah Jazz han ganado sus siete últimos encuentros sin tomar aire siquiera para dejar escapar uno solo.

Hecho segundo. Los Pelicans, o lo que es lo mismo, los playoffs, están solo a dos triunfos de distancia.

Hecho tercero. Más de Pelicans y algo de Clippers. En New Orleans han perdido a DeMarcus Cousins para toda la temporada, y no parece que Nikola Mirotic llegue para convertirse en Mesías de nada.

Los Clippers, por su parte (novenos y serpenteando ante el rebufo jazz), han traspasado a su máxima estrella, Blake Griffin, a Detroit; no obstante, ellos sí han obtenido cosas interesantes a cambio (Tobias Harris, Avery Bradley), que si logran cuajar rápidamente pueden dar perfecta batalla por esa octava plaza hasta el final.


Jugar playoffs, mola

Por estos tres hechos estamos obligados a deducir —más allá de las ondas financieras tangenciales— que el (doble) traspaso que realizaron ayer los Jazz, deshaciéndose de sus dos mejores anotadores de banquillo, va dirigido a hacer (o pretender hacer) su plantilla todavía más competitiva de aquí al final de temporada.

Pienso esto, además, por otra una sencilla razón. En década de superequipos, soñar con el campeonato es exactamente eso… soñar.  Ante un estatus quo tan cicatero, el premio de consolación, una cuña de playoffs a mediados de cada primavera, es un bocado más que apetecible para una boca que no debe caer en el error de querer abrirse de más.

Lo comido por lo servido

Recordamos sintéticamente el traspaso. Rodney Hood a Cavs, Joe Johnson a Kings, y Derrick Rose y Jae Crowder a Utah. A priori un intercambio hombre por hombre; algo que ayudaría a hacer la siguiente comparativa más sencilla, sino fuese porque Utah es tan solo una escala en el vuelo de reencuentro entre Rose y Thibodeau.

Pero por otra parte, Joe Johnson, a pesar de promediar 22 minutos esta temporada, ha tenido una aportación similar al de unas regañás junto a un plato de marmitako. Con las cifras más bajas de su carrera tanto en puntos (7,3) como en porcentajes (27,4% en triples y 42% en tiros de campo), sus 36 inviernos han pesado demasiado y su falta de motivación por todo lo que no sea competir por el anillo, también. La cabeza de Joe lleva a kilómetros de Utah toda temporada, y por suerte él ya también lo está; a la espera de un contender y su incipiente telefonazo.

Rodney Hood vs Jae Crowder

Así pues, ‘uno pa uno’. Momento de destripar. Empezamos por Crowder.

Jae Crowder, 27 años y ex polivalente forward de los Celtics, ha sido incapaz en todo momento de rendir a su mejor nivel en los Cleveland Cavaliers. Perdido en todo momento en un sistema lebroncentrista donde el entrenador viste de corto y un impostor luce corbata. Presenciar partido tras partido su baloncesto menguante en ambos lados de la cancha, ha sido consternador.

En 2016/17, con Crowder al aparato, ejecutaban en Boston un sistema bidireccional casi perfecto: un marcial conglomerado, entrenado para cerrar filas y no dejar pasar el aire, y compenetrados con la digna fluidez de una pareja de tango; el individuo al servicio de lo colectivo. Ahí estuvo la clave del éxito de los Celtics de Brad Stevens, y ahí vimos el estilo en que Jae Crowder ofrece su mejor versión.

¿Qué otro equipo de la NBA, además de los Spurs, apuesta por este tipo pizarra? Los Utah Jazz de Quin Snyder. Bienvenido Crowder.

A medida

Su lista de talentos se resume en una sigla sencilla pero eficaz: 3&D. Buen tiro en estático y sobresaliente defensa; dos características que se potencian en el entramado adecuado. Y los Jazz ofrecen casualmente este par de cosas:

  • Son la 4º franquicia que menos puntos recibe de la NBA (102,1).
  • Poseen el 5º mejor porcentaje de triples de la Liga (37,5%).

A esto hay que sumar un dato de suma importancia a mejorar respecto a sus oponentes:

  • Ante ellos, sus rivales tienen el 3º mejor porcentaje en tiros de tres de la Liga (37,3%)

A contracorriente

Y ahora hablemos un poco de Rodney Hood.

Despierto y no te escucho y la sonrisa me dice qué va…

Un jugador (aunque dije que no iba a tocar lo financiero) que se encuentra en su último peldaño contractual de novato, y que este verano estará en condiciones de pedir una millonada. Millonada que, todos sabíamos, los Jazz no iban a estar dispuestos a igualar.

Hood lleva años demostrando que pertenece al regimiento de los jugones; y en estos últimos meses lo ha dejado más claro que nunca. Un jugón que ha caído muy bien a la segunda unidad de los Jazz, y cuyos puntos se han agradecido mucho en una plantilla que no va sobrada de ellos. Sin embargo, hay un pero. Un pero que ha sido lapidario para su traspaso. Hood vive de su anotación… y casi de nada más.

Así, para empezar, olvidemos aquello de estar ante “el que debía ser el heredero” de Gordon Hayward. Nada de contrato máximo. Nada de nuevo jugador franquicia.

Hayward era un superdotado en ataque pero también un albañil en defensa. Y en esta liga se cuentan con los dedos de una mano los autorizados para cruzarse de brazos atrás por lo todo y, sobre todo, por lo siempre, que aportan en ataque. Y no; aún no ha llegado el día en el que comparemos a Roodney Hood con James Harden.

Hood te alternaba noches como la del 20 de noviembre (7/12) con la del 28 de noviembre (5/14). Noches como la del 30 de noviembre (9/15) con la del 1 de diciembre (0/11). Noches como la del 21 de diciembre (12/24) con la del 23 (3/14), 26 (4/17) y 30 de diciembre (4/13).

Hood te compagina veladas como la del 5 de febrero, veladas de 30 puntos y 12/14 en tiros de campo, con demasiadas para enterrar la cabeza en whisky y olvidar. Y en esta cordillera de irregularidad que es su rendimiento, resulta impermisible su nimia aportación en campos tan importantes como el rebote y la asistencia.

Los Jazz, la tortuga romana

Los Jazz están diseñados para ser un conjunto que crece y se hace grande desde la defensa. El intercambio constante de canastas suele terminar con los de Salt Lake City en el bando perdedor; y por lo tanto no pueden permitirse un anotador de muñeca inconsistente, que además muestra una acentuada inmunidad patológica ante eso que llaman defender. Un concepto que más que gustar, es una exigencia para vestir en estos tiempos la camiseta en Utah.

Además, el equipo por fin está empezando a correr, tanto ellos como la pelota. Ricky se ha hecho (ya era hora) con el mando del balón, y el movimiento sin él se ha multiplicado en los últimos partidos. Si en lo que va de regular season los Jazz son 24º en asistencias por partido, en lo poco que llevamos de febrero (cinco encuentros – cinco victorias) han promediado 24,8: entre lo más exquisito de la Liga.

En esta nueva senda a seguir, no encajaba Hood, un alero que disfruta poseyendo el balón, de crearse sus propios tiros, y de no esperar abierto en las esquinas a pesar de gozar del talento innato para ello. Sus isolations y sus noches de inspiración han desatascado noches de circulación áspera y anotación imposible, pero su rebeldía de estilo ante las necesidades del grupo, han terminando siendo más abrasivas que su fuego ofensivo.

Y ahora un 20-seconds timeout para comparar la estadística elemental de ambos. Para que esta tenga sentido, enfrentaremos al mejor Hood, es decir, el de esta temporada, ante el mejor Crowder y al que pretenden recuperar para la causa en Utah. Así que he rescatado sus datos de su segundo año en Boston, el 2016/17, cuando alcanzaron las Finales de Conferencia.

 MinPtsRebAsistRobPérFG% 3FG%  FGA
 Rodney Hood (2017-18) 27,8 16,8 2,81,7 0,8 1,6 42,4 38,9 14,2
 Jae Crowder (2016-17) 32,4 13,9 5,8 2,2 1 1,1 46,3 39,810

*FGA = Field Goal Attemps (Tiros de campo por partido)

Rebote y selección de tiro

Aunque Crowder cuenta con casi cinco minutos más de juego por encuentro, he preferido evitar el filtro de los 36 minutos precisamente por el dato en cursiva en la leyenda: los fied goal attemps. Una cifra que quedaría distorsionada y generaría confusión respecto al usage que veremos más adelante.

De momento esta tabla nos revela dos cosas en un simple vistazo. Que Hood anota más que Crowder, pero (fruto también de su estilo de juego) lo hace con peores porcentajes. Normal por otra parte. Más tiros difíciles y de incubación propia frente a los lanzamientos, por costumbre, más despejados de su aquí homólogo.

Y lo segundo (aunque el ex de los Celtics en superior en casi todo) Crowder es mucho mejor reboteador que Hood. Algo que en Utah, actualmente 24º de la NBA en rebotes capturados, puede venirles realmente de perlas.

Vamos con la avanzadas. Mismos años, mismo patrón.

Usage OWSDWSWSBPM
 Rodney Hood
(2017-18)
27,50,70,91,6-1,9
 Jae Crowder
(2016-17)
174,12,56,7 1,6

*WS=Win Share;  OWS=Offensive Win Share;   DWS=Deffensive Win Share;   BPM=Box Plus/Minus

Las avanzadas no vienen sino a ratificar lo que vengo defendiendo a lo largo del artículo. Por un lado, el usage confirma que Hood capitaliza demasiado el ataque de su equipo cuando está en pista, ralentizando la circulación y volviendo el juego previsible.

Por otro lado, las cuatro columnas restantes dan una proporción directa (o tan directa como permite la algoritmia actual) del impacto tanto ofensivo como defensivo de un jugador en el balance de victorias/derrotas de su equipo. Ambos suman en win share, pero uno, el Crowder de hace un año, lo hace mucho más que el otro (6,7 a 1,6) y curiosamente sustentado más en su aporte ofensivo que defensivo.

EL Box Plus/Minus, por último, desguaza lo que un jugador influye directamente en el marcador por cada 100 posesiones, con sus acciones adelante y atrás. Mientras Crowder logra un equilibrio positivo, Hood es penalizado por su pasiva defensa (0,7-2,6).

Somos clan

Lo que viene está muy trillado, lo sé, pero en este instante del artículo siento la irrefrenable necesidad de citar a Michael Jordan “El talento gana partidos, pero el trabajo en equipo y la inteligencia gana campeonatos.”

Los Jazz no apuntan tan alto en sus aspiraciones, pero podríamos hacer una ligera modificación ad hoc: “Roodney Hood gana partidos, pero Jae Crowder te da una estabilidad suficiente para colarte in extremis en playoffs”.

Algo excesiva la adaptación, me doy cuenta. Pero válida para el pensamiento que —creo que ha quedado claro a lo largo de todo el post— pretendo transmitir. Hood es capaz de sacarte del apuro en noches donde el ojo de buey se estrecha tanto que apenas deja entrar la luz y apuntar al aro.

No obstante, en la nueva dirección en la que rema el clan de Snyder, hacia el reino del catch&shot, de la simbiosis colectiva, de la presión perimetral, de la circulación permanente, de las ayudas en el pick and roll, y del punteo frenético a todo tiro rival, parece mucho más aconsejable darle el pasaporte de entrada al Jae Crawder de 2017 que al Roodney Hood de 2018.

Queda, pues, una sola cosa; pero esto ya es labor exclusiva del entrenador: recuperarlo para la causa. Y hacerlo ya.

*Datos obtenidos de Basketball-Reference, Hoops Stats y ESPN Stats.

 


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