‘Rookie Scale’: la escala salarial para novatos

En 1994, Glenn Robinson era elegido con el número 1 del Draft por los Bucks. Big Dog, como así era apodado, entabló unas agresivas negociaciones para obtener un contrato millonario que fuera acorde con su calidad y su posición extraordinaria en el citado Draft. Robinson negoció duramente y llegó a pedir unas cifras que si ya suenan astronómicas ahora, imagínense hace 23 años. El alero demandó unos 100 millones de dólares por 10 años de contrato. Al final, aquello se quedó en algo menos de 70, pero sus pretensiones sentaron un precedente por el que la NBA no estaba dispuesta a volver a pasar. Nacía la Rookie Scale, la escala salarial de los novatos.

La situación creada con Robinson soliviantó a no pocos veteranos, quienes veían como un rookie sin experiencia en la competición era capaz de amasar, sin más restricciones que las impuestas por los Bucks en sus negociaciones, unas cantidades que ellos habían tardado en alcanzar muchos años o que directamente no habían logrado tocar con sus dedos.

La Rookie Scale se instauró ya para el Draft de 1995 y establecía una serie de marcos, temporales y salariales, para los contratos firmados a las primeras rondas del Draft. Una realidad que sigue patente dos décadas después y que limita económicamente lo que un novato de primera ronda pueda ganar en su primera etapa en la NBA.

¿Cómo funciona?

La Rookie Scale marca unos baremos salariales por los cuales, franquicia y jugador, se deben mover obligatoriamente a la hora de suscribir su vinculación. Los contratos que firme un novato de primera ronda del Draft son de dos años garantizados; el tercero y el cuarto quedan en manos de las franquicias, que disponen de opciones para ejecutar esa prolongación.

Un primera ronda del Draft, si quiere debutar en la NBA, está obligado a someterse a la Rookie Scale, puesto que es la única vía laboral que contempla la liga para que el jugador se una a ella. El salario de un debutante de primera ronda de Draft está estrictamente marcado por el puesto en que haya sido elegido. Para los tres primeros cursos de contrato, que existirían si el equipo ejecuta la primera de las dos opciones de equipo que tiene para alargar la vinculación del jugador, la nómina la dicta la posición del Draft del jugador.

La Rookie Scale fija una cantidad sellada para cada uno de los 30 picks de ese Draft, dinero que va descendiendo según sea peor la elección. Sobre esa Rookie Scale, el jugador puede firmar un contrato por un valor que oscila obligatoriamente entre el 80 por ciento de esa cantidad y el 120 por ciento. La mayoría de los jugadores firman por este 120 por ciento.

Para el cuarto año, se trata de un porcentaje sobre lo ganado en el tercero. Ese porcentaje es mayor cuanto más lejos del número 1 del Draft hubiera sido seleccionado el jugador. De modo que un número 1 de un Draft, cuando renueva por un cuarto curso, gana para la temporada un 26,1 por ciento más que en el tercero; un número 30 ve cómo el salario se incrementaría hasta un 80,5 por ciento con respecto a su tercer año, según lo establecido por la NBA para la 2017-18 y recogido por el gurú Larry Coon.

¿De cuánto dinero hablamos?

Vamos a ilustrar estos conceptos salariales con un ejemplo real, el de Markelle Fultz, número 1 del Draft de 2017. La Rookie Scale para la 2017-18 era de 5,8 millones de dólares si hablamos del pick 1, esto es, de la primera elección de la ceremonia. Fultz llegó a un acuerdo con los Sixers por esos dos años garantizados y obligatorios que marca la NBA. Para el primero de ellos, de cara a la 2017-18, su nómina marca 7,02 millones de dólares, esto es, un 120 por ciento de la Rookie Scale, de esos 5,8 millones citados. Para la 2018-19, Fulltz cobrará 8,9 millones. Si los Sixers deciden prolongar su contrato un tercer curso, esa nómina sería de 9,74 para la 2019-20 y de 12,28 para la cuarta campaña, donde el incremento va sujeto a un 26,1 por ciento más de esos 12,28 millones.

La Rookie Scale va descendiendo según sea peor la ronda del Draft. Para el número 2 de 2017, Lonzo Ball, la cantidad no era de 5,8 millones de dólares, sino de 5,2 de cara a su primer año. Ball también se unió a los Lakers por el 120 por ciento de esa Rookie Scale y se le quedaba un contrato de 6,28 millones en la 2017-18.

Si nos vamos a un ejemplo radicalmente opuesto, veremos cómo las nóminas a percibir bajan mucho conforme lo hace el número del Draft. Sin movernos de 2017 ni de los Lakers, tomaremos la muestra de Josh Hart, número 30 del Draft de ese año. Hart fue el último de la primera ronda, y alcanzó un contrato de dos años garantizados que arrojaba 1,39 millones de dólares en la 2017-18. Hart firmaba según la Rookie Scale, que para el número 30 del Draft de 2017 señalaba una 1,16 millones de dólares. Si el añadimos ese 120 por ciento por el que suelen fichar los jugadores, ya tenemos esos 1,39 millones.

Ofertas cualificadas

Un jugador que acaba contrato y que viene de la Rookie Scale, no se convierte automáticamente en agente libre, sino que puede ser agente libre con restricciones si la última franquicia con la que ha jugado y con la que ha terminado la temporada le extiende una Qualifying Offer, una oferta cualificada. Este mecanismo permite a la franquicia en cuestión tener la última palabra para decidir el futuro del jugador si le llega una oferta de otro equipo. Una buena muestra de ello fue el caso de Tim Hardaway Jr., quien durante el verano de 2017 firmó cuatro años y 71 millones de dólares con los Knicks. Procedente de los Hawks, estos se habían guardado sus derechos extendiéndole la Qualifying Offer en junio, al término de sus cuatro años de contrato bajo la Rookie Scale, pero renunciaron al jugador finalmente tras decidir que 71 millones por él eran demasiado.

Además, la oferta cualificada, basada en un incremento porcentual sobre el último salario del jugador, más de otras consideraciones deportivas, sirve para que los jugadores que la tienen sobre la mesa se aseguren un año más de trabajo completamente garantizado si no encuentran nada mejor en el mercado. Tras ese curso, se convierten en agentes libres sin restricciones. Es el caso de Nerlens Noel, quien en agosto de 2017 firmó la oferta cualificada que le habían hecho los Sixers. Noel peinó otras opciones más lucrativas, incluida un contrato mejor con los Sixers, pero finalmente apostó por los 4,1 millones de la Qualifying Offer, con la desventaja de percibir menos dinero pero con la libertad, y el riesgo, de ser agente libre sin restricciones en 2018.

Las ‘ventajas’ de ser segunda ronda

En muchas ocasiones, sobre todo para jugadores de fuera de los Estados Unidos y con acuerdos en clubes europeos, es mejor no ser primera ronda del Draft si las posiciones dentro de este grupo no son elevadas. Salir en el número 29 o en el número 30 te obliga a firmar un acuerdo, si quieres jugar en la NBA, fijo, innegociable, algo no sucede para los picks de segunda ronda, con contratos menos encorsetados. En el caso de estrellas mundiales, ser una baja primera ronda puede jugar en su contra, porque pueden ganar mucho menos de lo que, siendo segunda ronda o incluso undrafted , llegarían a amasar.


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