Mientras haya James Harden, habrá aspirante


Ha dado en el centro de la diana Guille Jiménez al afirmar, durante al retransmisión, que algunos aperitivos son mejores que los platos principales. El centollo, se supone, llega a las 2 de la madrugada de la mano de Lakers y Golden State Warriors, pero menudo entremés de aspirantes hemos visto. Caviar NBA.

Y es caviar NBA y no caviar a secas, porque el Houston Rockets – Oklahoma City Thunder ha tenido todo lo que caracteriza a un clásico partidazo en esta singular dimensión que es la de baloncesto norteamericano. Lo mejor y también lo peor. Mucho talento, muchísima vanidad y, a ratos, aún más anarquía. Para los que amamos esto, 48 minutos de placer inconfundible.

El duelo de las 21:00 estaba plagado de confluencias. Confluían, para empezar, dos aspirantes al anillo. Confluían, para continuar, los dos últimos MVP. Confluían, para apuntillar, dos dinámicas casi opuestas y que tenían ante sí el escenario idóneo para dar, en un sentido u otro, un golpe sobre la mesa.

Y lo dieron los que más lo necesitaban. Lo dieron en el Toyota Center y ante su público, los Houston Rockets (113-109).

‘La clase’ se impone al triple

A ratos apabullante, a ratos exasperante. Así es James Harden, quien siendo lo que es (el vigente MVP) a menudo podría ser mucho más.

Que los Rockets sean el equipo que más triples lanza (43,4) –con diferencia– de la NBA (2,6 más que el segundo, los Bucks, 18,3 más que los últimos, los Spurs), no es casualidad. Tampoco es fruto de un engranaje perfectamente diseñado para hallar, siempre, al tirador liberado. No. En Houston la máxima es clara. Si no eres Capela y recibes en la curva, lanza. Si eres Harden, lanza aún más.

Así, hasta en 16 ocasiones hoy La Barba, de las que clavó 5. Así, hasta 11 veces Eric Gordon, de los que encestó 3. Así, hasta 7 veces Gerald Green, de los que solo metió uno. Y así, triples que vuelan a discreción, sin pizarra y a sinrazón. Rebotes en ataque que pulverizan la posesión en menos de un instante para volver a agitar el hierro en un vórtice que se retroalimenta durante casi la totalidad del show.

Sin Paul pero con Rivers

Por fortuna, en el lado opuesto, un clon a escala reducida tampoco tuvo su mejor noche de inspiración. Y aunque ni el 14/44 de Houston ni el 9/30 de OKC desde el triple decidieron el choque, sí fueron decisivos dos triples postreros y seguidos del chico nuevo. De Austin Rivers.

Porque sin Chris Paul (la gran baja del día), el recién llegado dispuso de 31 minutos de acción en su estreno y estuvo sólido y valiente, incluyendo esos seis puntos consecutivos que dieron a su nuevo equipo la ventaja definitiva.

Pero el máximo anotador del encuentro fue Harden, con 41 puntos. Y es que todo lo que no fue tirar triples, lo hizo bien.

Una y otra vez, gritó a sus rivales que es de los mejores ball-handlers de la liga y un auténtico espectáculo imparable en isolations. La última ante Paul George (pocos guardan el perímetro mejor que él), resumió lo que fue el resto de la noche.

‘Faltó’ Westbrook

Los Thunder, a pesar de la igualdad en el marcador, llevaron el control del encuentro hasta el final del tercer cuarto. Pero entonces los errores empezaron acumularse y Harden no falló.

Sus 41 puntos (y 7 asistencias) tuvieron premio gracias a la brutal labor de Clint Capela bajo los tableros, con 16 puntos y 23 rebotes (lejos de los 33 de Bull Russell que marcan el récord en un Día de Navidad), los 16 tantos de Gordon, o las geniales defensas –que escapan a la simpleza del boxscore– que realizó P.J. Tucker durante sus 37 minutos de acción.

Danuel House Jr. completó el quinteto titular, y si bien no sobresalió en números si cuajó otro gran encuentro, mostrándose presente e incansable en ambos lados del parquet.

Por los visitantes la hoja estadística nos deja, again, un Paul George con tenues susurros de MVP: 28 puntos, 14 rebotes (5 ofensivos), 2 asistencias y 3 robos para ser la primera espada de unos Thunder donde Westbrook, si estuvo (21 puntos y 9 asistencias), no lo fue en todo su esplendor. Acomodado en el long range, se echó de menos su verticalidad, su potencia, y sus incontenibles internadas.

Steven Adams (17 puntos y 7 rebotes) fue rey y señor de la pintura en la primera mitad y lacayo en la segunda. De comerse a Capela en la media hora inicial, a ceder terreno de ahí al estertor definitivo.

Y ojo a Jerami Grant (15 tantos, 9 rebotes). Pronto habrá que volver a hablar de este jugador. Que gran decisión tomaron en Oklahoma al renovarle.

¡Ya están aquí!

Y así, con un partidazo donde prevaleció el talento individual e innato sobre el mérito colectivo, los Rockets (sin Paul ni Ennis, no lo olvidemos) sumaron su séptima victoria en ocho encuentros y lo hicieron derrotando al equipo que aspira a heredar su rol en el Oeste. El de aspirante al trono. La zancadilla a Golden State.

La quinta mejor defensa de la competición sucumbió ante el que, hoy por hoy, no es más que el 19º mejor ataque. Pero cuando James Harden se pone el disfraz de James Harden, nada de eso importa. Porque hay contender.

(Fotografía de portada de Bob Levey/Getty Images)


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