Rajon Rondo, el sherpa de los ‘Baby Lakers’

De , por su extraordinaria visión de juego y su estrecho rango de tiro, suele decirse que es un magnífico jugador con balón y un cascarón de huevo cuando está sin él. Todo esto en un contexto que asume la premisa de un Rondo vestido de corto. Porque cuando se abotona el traje y aferra la pizarra, las tornas se invierten. Una gozada de complemento en el banquillo off ball.

La mañana siguiente a fracturarse la mano buena (la derecha), Rondo cumplía con el ritual, aunque el desarrollo del mismo cambiase ligeramente. Una lesión no era óbice para que éste dejase de aparecer por las instalaciones de El Segundo, pabellón de entrenamiento de su nueva franquicia. Una vez allí, empezó a hacer lo que siempre hace, aunque al margen del Spalding; dirigir.

El de siempre, pero en la banda

“Él [Rondo] estaba ahí, hablando sin parar. ¡Sorpresa, sorpresa!”, decía con sorna para ESPN. Y es que a nadie sorprendía aquello. No era más que Rando en esencia y pura efervescencia.

Así pues, con su brazo en cabestrillo, Rondo se puso al cargo directamente de y los habituales de la segunda unidad, para preparar en fraternal hermandad el encuentro (derrota a la postre) ante su siguiente rival, los Orlando Magic.

Y es que fue una petición directa de Rondo a Walton, el formar parte de todas y cada una de las expediciones de los angelinos mientras durase su recuperación, empezando por el road trip de tres partidos que acechaba en el calendario. Walton, como no, encantado. “Oh sí. Le queremos tan cerca como sea posible”, afirmaba una vez contaba con el beneplácito médico.

A falta de un Rondo dentro de pista, el equipo tiene la oportunidad de transformar el infortunio en oportunidad, aprovechando para concentrarse en el ‘1’ del futuro: . Comienzo difícil el que está teniendo el sophomore y número 2 del Draft, compaginando buenos partidos con otros mediocres.

Rondo, perfecto para Ball

“Sí, él intenta sacarme de mis casillas”, revela Ball. “Solo me dice cosas para intentar que me disperse. Me suelta un montón de basura en los entrenamientos todo el tiempo, lo que me enciende muchísimo. Y es que le dije que durante toda mi vida he reaccionado a cuando me gritaban [los entrenadores]… es como más me motivo, así que si ves cosas [a mejorar], grítame. Es como entro en sintonía. Así es como él me está ayudando” .

Aún está fresco el error [más por el resultado que por la decisión improvisada de Rondo en sí] que costó a los el partido ante San Antonio Spurs.  Pero Luke Walton, que ve en Rondo a ‘una extensión suya en cancha’, se mantiene firme en su idea de darle total libertad en la toma de decisiones, más allá de lo que se discuta en los tiempos muertos.

“[Alvin Gentry, ex coach suyo en NOLA] me dijo que adoraba entrenar a Rondo, y yo estoy de acuerdo con él”, confiesa Walton. “No tengo ni una sola queja de él como jugador. Está siendo fantástico. Lo único que le pido a veces es que sea más comedido o suave en sus palabras a la hora de enseñar y aleccionar. Pero jamás ha sido un jugador problemático. Todo lo que le he pedido, lo ha hecho”.

Amor de veterano

Lo vimos en New Orleans, y la narrativa se reproduce en Los Ángeles. Los jóvenes adoran a Rondo.

“Lo calcula y analiza absolutamente todo”, decía una vez Kuzma, tras desvelar cómo en una sesión de vídeo fue incluso capaz de percatarse y hacer notar que un jugador estaba con los cordones desabrochados, además del exhaustivo análisis posterior que hizo de las jugadas visionadas.

“Es un jugador súper genuino y auténtico. Siempre me está diciendo que ataque ‘¿Quieres convertirte en All-Star, verdad?’, y a continuación me explica diversas maneras de lograr canastas fáciles y de cómo convertirme en un mejor defensor”, explica por su parte Brandon Ingram.

“Rondo es un líder natural. Creo que ha venido a este mundo sencillamente para liderar”, avala LeBron James, la otra gran voz del vestuario. Palabras mayores.

En 11 partidos disputados hasta el momento con los Lakers –dos titularidades–, el playmaker promedia 8,5 puntos y 6,5 asistencias en 25,3 minutos… y un celestial (y veremos si duradero) 42,9% en tiros de tres. Y si el diagnóstico no falla, lo tendremos de vuelta y a viva voz para justo antes de Navidad.