Los 76ers lo ponen todo patas arriba

Con un espectacular acierto de tres, los de Pensilvania dan un vuelco a la serie y ponen un sorprendente 1-1

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Por Aitor Darias

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Los playoffs de la NBA tienen estas cosas. Un día, los Philadelphia 76ers son absolutamente arrasados por los Celtics, parecen confirmar todos los pronósticos con respecto a la serie y todo apunta a una rápida eliminación. Dos noches después, están asaltando el TD Garden y poniendo el 1-1.

Los de Pensilvania han dado la gran campanada de la madrugada al vencer en Boston por 97-111, dando a la serie un inesperado vuelco y haciéndose con el factor cancha de cara a un Game 3 que cobra ahora una nueva dimensión. De repente, los fantasmas de una posible barrida quedan totalmente espantados y lo que parecía un viaje al matadero cobra una nueva perspectiva. De repente, resulta que hay eliminatoria.

Con su propia medicina

Limitarlo todo a hablar de acierto en el tiro puede resultar en ocasiones muy simplista, pero resulta imposible no encontrar en el lanzamiento exterior la gran diferencia entre un duelo y otro para los de Nurse. En el primero, aun con buenas oportunidades, estuvieron tanto tímidos como imprecisos a la hora de mirar al aro desde el perímetro, lanzando tan solo 23 triples y anotando cuatro de ellos. Hoy, la cosa fue radicalmente opuesta. Hoy asaltaron la cancha de Boston con el arma favorita de los verdes.

Los 76ers prácticamente duplicaron su número de intentos, pero, lo que es más importante, dispararon su acierto. Con un 48,7% desde el perímetro, se fueron hasta los 19 tiros de tres para dar alas a un ataque que se había quedado sin recursos en la primera noche pero que esta vez sí supo castigar a la extremadamente hundida defensa local, que con su drop en el bloqueo directo dio demasiados espacios para permitir el bombardeo. Y cuando quiso hacer algo al respecto, ya era demasiado tarde.

De ello se encargaron V.J. Edgecombe y Tyrese Maxey, que hicieron sencillo olvidar la cantidad de puntos que los de Pensilvania tenían en la enfermería. El primero, en el escenario en el que dio muestra de su precocidad en su debut en liga regular, se fue hasta los 30 tantos con un 6/10 desde el perímetro para demostrar que tampoco le asusta la postemporada; el segundo, autor de 29, emergió como héroe a la hora de la verdad para, con 12 puntos en los últimos seis minutos, culminar la proeza.

Hace falta más

Hace un año, los Celtics tenían una de las plantillas con más talento de la NBA. A la increíble dupla formada por Jayson Tatum y Jaylen Brown se unía una tercera espada envidiable como Jrue Holiday y un jugador diferencial como Kristaps Porzingis que en sus noches buenas demuestra que vale la pena esperar por él en todas esas otras en las que no está disponible. Pero el verano pasado se tomaron decisiones. Decisiones que pesaron menos de lo previsto en liga regular.

Pero que esta vez sí se hicieron notar.

Por primera vez, esta pareció una plantilla hecha para ahorrar dinero. Esta vez sí se notó esa construcción a base de amalgamar cosas de aquí y de allá y de dar mucha responsabilidad a unos jóvenes sin demasiada experiencia. Hoy fueron los Celtics quienes fueron presa de sus limitaciones, esas que no han aparecido durante toda la temporada pero que, a la hora de la verdad, han evidenciado que siguen estando ahí.

Los de Mazzulla solo contaron con dos hombres en dobles dígitos, y son exactamente aquellos que cabría esperar. Y lo que es peor, solo uno de ellos brilló de verdad. Con Tatum apagándose como anotador con el transcurso de los minutos, Jaylen Brown se quedó como la única referencia ofensiva en la segunda mitad, en la que anotó 21 de sus 36 tantos pero en la que no pudo cambiar el sino de un choque que cada vez tendía más al lado visitante. Hoy sí fue él contra el mundo, y esos partidos suelen acabar mal.

(Fotografía de portada: Bob DeChiara-Imagn Images)

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