¿No querías Spurs? Pues toma dos tazas

San Antonio empata la serie con una paliza en el Game 2 y vuelve a lucir como un aspirante a todo

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Por Aitor Darias

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Era el momento de probar a estos Spurs. Tras la derrota en el Game 1, San Antonio llegaba a su segundo encuentro ante los Timberwolves obligado a reaccionar, a demostrar que las dificultades iniciales habían sido más obstáculos circunstanciales que problemas reales. Los grandes equipos responden a los reveses, y a ellos, que aspiran a serlo, no les quedaba otra. Y lo han hecho de la mejor manera posible.

Con un 133-95, los de Mitch Johnson han empatado la serie en lo numérico pero le han dado un vuelco enorme en lo emocional. Su exhibición en ambos lados de la pista les permitió no solo superar sino aplastar a Minnesota, que había logrado poner en cuestión la condición de favoritos de los texanos con su excelente primer partido pero que parece volver a quedar a la zaga tras lo visto en el Frost Bank Center. Porque hoy, y esta vez sí ante un rival más que serio, se ha visto a unos Spurs capaces de todo.

Las cosas en su sitio

Victor Wembanyama terminó el primer partido muy cuestionado por sus decisiones en ataque. Con tantos intentos desde el triple como desde la pintura y muy poca presencia cerca del aro, el francés tuvo una actuación ofensiva muy discreta y puso en pocos problemas a la defensa de los Timberwolves, que pudo ejecutar su plan prácticamente sin variaciones.

Por eso, sabía que tenía que cambiar su enfoque esta noche. Y así lo hizo.

Wemby arrancó el duelo con muchas más presencia cerca del aro, sumando tras rebote ofensivo, finalizando alley oops, y llevándose a su hombre a la zona en cuanto Gobert se fue al banquillo y se quedó con defensores más pequeños, ya fuesen Randle o McDaniels. El cambio fue radical en cuanto a enfoque y también en cuanto a resultados, dando al ataque local una mayor organicidad y consiguiendo empezar a generar los espacios al resto que no generó en el Game 1. Y sus compañeros no le fallaron.

Porque Victor no fue el único en salir con otra actitud. De’Aaron Fox, que pasó sin pena ni gloria por el primer encuentro, salió muy agresivo y decidido a ser protagonista desde el inicio, y en general todo el backcourt texano puso énfasis en jugar con más velocidad y atacar constantemente la pintura. Castle, Harper, Vassell, incluso Keldon Johnson… Todo se movía más rápido para los Spurs, que, si ya en el primer encuentro funcionaron bien en transición, esta vez lo llevaron a un nuevo nivel.

Y es que San Antonio corría tras robo, tras rebote, incluso tras canasta encajada. Había una orden clara de poner el balón en juego cuanto antes y plantarse en campo rival en cuestión de un par de segundos, y no fueron pocas las veces en las que la canasta de Minnesota no había subido aún al marcador y ya había un jugador local anotando o siendo objeto de falta en el otro aro. En la diatriba entre altura y velocidad, Mitch Johnson se decantó por la segunda, pero le dio buen uso para dominar el choque desde la aceleración constante y pillar descolocados a los Timberwolves constantemente.

¿Expectativas cumplidas?

Dicha agresividad y velocidad se aplicó también a la mitad defensiva, donde los Spurs fueron si cabe más dominantes. Con Edwards precipitado y tratando quizás en exceso de tomar el control del partido, Randle incapaz de imponerse pese a la diferencia de tamaño, y una incapacidad generalizada para encontrar buenos tiros los visitantes vivieron momentos de gran atasco, y de hecho se quedaron en apenas 35 puntos al descanso. Lo que, con San Antonio aprovechando cada error para correr, dio pie a la masacre.

No es extraño que, cuando un visitante abre una serie ganando el Game 1, llegue al segundo encuentro con la sensación de que el trabajo ya está hecho, y quizás algo de ese conformismo exhibieron los Timberwolves, que con el paso de los minutos se fueron hundiendo cada vez más y que, a medida que más jugadores locales se iban encendiendo, vieron la diferencia crecer hasta límites sonrojantes.

De la mano de Wemby y Fox la ventaja llegó a los dobles dígitos, y en cuanto Castle y Harper se pusieron a correr los Spurs lograron colocarse más de 20 puntos arriba antes del descanso. Tras este, llegó el turno de Champagnie, que a base de triples catapultó la diferencia por encima de los 30. Y cuando llegó el turno de los hombres de banquillo y parecía que Minnesota iba a poder maquillar el marcador, Harrison Barnes tomó las riendas y llegó a poner a los suyos 47 arriba.

Los Timberwolves quedan por tanto obligados a demostrar que lo de esta noche ha sido producto más bien de una excesiva (que no perdonable) relajación que de un cambio real en la dinámica de la eliminatoria. San Antonio ha encontrado soluciones a cada problema que surgió en el Game 1, pero a la partida de ajedrez entre Johnson y Finch le quedan aún muchos turnos para seguir decantándose a un lado u otro.

Este asalto ha tenido un ganador claro, pero, con el cambio de escenario para el tercer encuentro, Minnesota debe hacer que quede simplemente en eso, en un breve asalto de un combate muy largo.

(Fotografía de portada: Daniel Dunn-Imagn Images)

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