Los Jazz apostarán por la continuidad


Caer eliminado en playoffs es siempre motivo de desilusión. En el caso concreto de los Utah Jazz ha dejado incluso un sabor mucho más amargo. La franquicia de Salt Lake City fue el mejor equipo en regular season, superó ampliamente a Memphis en primera ronda y en Semifinales disfrutó de un 2-0 a favor. Incluso estuvieron muy cerca de forzar un Game 7 ante Los Angeles Clippers pero, incomprensiblemente, dejaron escapar una ventaja de 25 puntos en el sexto partido.

Sin pretender escarbar más en la herida, lo cierto es los Jazz no fueron capaces de ajustar y hacer frente a los planteamientos propuestos por Ty Lue, técnico de los Clippers. El head coach aplicó un small-ball imposible de contrarrestar. Lo sencillo es culpar a Rudy Gobert por su dificultad para defender posiciones exteriores pero en esta ecuación entran en juego otros factores. Primero, la ausencia de alternativas en la segunda unidad. Derrick Favors compone una versión lite del propio Gobert. Y a mayores, Udoka Azubuike, un jugador aún por desarrollar que, a priori, representa el mismo perfil de center.

Después, el equipo dirigido por Quin Snyder echó en falta otro defensor exterior de garantías para acompañar a Royce O’Neale en el perímetro. Uno más fuerte y versátil para hacer frente a quintetos abiertos y poder, incluso, hacer las veces de ‘5’, como sí pudieron plantear los angelinos con Marcus Morris o Nico Batum. “Es un esfuerzo de equipo. Pero creo que necesitamos otro tipo que pueda ayudarnos a todos. Otro defensor principal” reconoció el propio O’Neale para el medio Deseret News, por lo que se trata de una necesidad aparentemente compartida por el vestuario.

El mismo objeto de un gran número de críticas, Gobert, también salió al paso de todas esas voces que lo culpan por no haber sido capaz de hacer más ante los Clippers, una voz amplificada tras recibir su tercer premio al Defensor del Año. “Mi trabajo es asegurarme de que no nos anoten en la pintura, primero, y luego, obviamente, hay situaciones en las que los equipos buscan sacarme de allí para anotar desde el triple”, señaló el internacional francés. “Pero el problema es que si hago las ayudas, anotan bandejas.”

Podríamos entrar en el debate sobre si es preferible hacer más hincapié en las esquinas —donde los Clippers hicieron mucho daño— o en la pintura para tratar de minimizar la anotación rival pero este escenario devuelve nuevamente varias lecturas. ¿Por qué no hay otro ‘5’ de distintas características en nómina?, ¿por qué no hay más defensores exteriores y una plantilla más extensa?, ¿por qué no se han trabajado los fundamentos ofensivos de Gobert a lo largo de estos ocho años para intentar sacar partido y castigar quintetos de small-ball?

No se trata de cuestiones que han emergido recientemente en la actualidad de Utah. Recordemos que, en el último lustro, los Jazz ya pagaron los estragos del small-ball propuesto por Golden State Warriors y Houston Rockets. De esta variante reciclaron la apuesta por el lanzamiento exterior pero no vías para hacerle frente. Y los rivales han dado con la tecla para desconectar a los Jazz en playoffs.

Sin embargo, la gerencia no tiene la intención de protagonizar cambios importantes. Más allá de la dolorosa eliminación sufrida —en la que los problemas físicos de Donovan Mitchell y Mike Conley han resultado fatales—, en las oficinas de Salt Lake City creen que el proyecto va por el buen camino y que solo precisa de pequeños ajustes y mejoras.

“No hay duda de que cuando los Clippers aplicaron el small-ball y utilizaron jugadores más hábiles, la contención defensiva necesitaba estar en un nivel superior”, afirmó el vicepresidente ejecutivo Dennis Lindsey. “Obviamente, todos hemos visto cómo terminamos. Pero no creo que tengamos que tomar todas las decisiones basándonos en que los Clippers utilicen quintetos pequeños y tengan mayor atletismo en las alas. ¿Será esa la tendencia?”

Inmediatamente después, Lindsey, quien ocupó la segunda posición en las votaciones para el premio al Ejecutivo del Año, adelantó uno de las potenciales conclusiones a las que podrían haber llegado en las oficinas. Y estas no apuntan tanto al roster como al cuerpo técnico. “¿Es algo [el small-ball] que podamos mitigar, ya sea con un cambio de estrategia táctica o, en última instancia, un cambio del personal? Esas son las preguntas que nos haremos a nosotros mismo a medida que avancemos hacia el NBA Draft Combine.”

La postura de su principal compañero en la front office también incide en la apuesta por mantener el proyecto y meditar meticulosamente los cambios a realizar. “Creo que es demasiado pronto para decir “Oye, tenemos que hacer esto””, reconoció el general manager Justin Zanik. “Hace un par de años ya vimos cómo la liga se movía de esta manera y nos pareció muy claro. Ahora va a ser un poco más matizado. Creemos que estamos más cerca de lo que buscamos.”

La irrupción en la franquicia del nuevo propietario, Ryan Smith, y la llegada de Dwyane Wade, pueden suponer un punto de inflexión que deje atrás el conservadurismo de los Jazz en pos de la búsqueda de convertir a la organización en una referente de la NBA y un destino más apetecible para los agentes libres. No obstante parece que, de momento, la intención pasa por no tocar demasiado las cosas. “Es difícil hablar ahora mismo de lo que necesitamos para la próxima temporada o de a quién tenemos que fichar. Espero que mantengamos nuestro equipo principal e podamos tener otra oportunidad el año que viene”, reconoció Bojan Bogdanovic.

Lo cierto es que la situación actual de los Jazz está más cerca de esos pequeños ajustes e incorporaciones que supongan el impulso definitivo hacia la condición de contender que del desmantelamiento. Al menos durante un año más, como afirma el alero croata.

La irrupción de Donovan Mitchell, su compromiso y su condición de gran estrella de la NBA exige también una respuesta desde la organización para satisfacer su hambre de éxito. “No hemos hecho todo esto para caer en Semifinales de Conferencia”, afirmaría antes del Game 6. “Todavía sigo en shock. Estoy muy dolido. Pero estoy listo para jugar la próxima temporada”, diría apenas un día después de confirmarse la eliminación.

En Utah disponen de un diamante en bruto al que el noble objetivo de codearse entre los cinco mejores equipos del Oeste, pero sin aspirar a unas Finales de la NBA le sabe a poco. Los Jazz nunca han sido agresivos en el mercado. Su propio mercado, a su vez, no ha resultado especialmente llamativo para los jugadores. Pero quizá sea el momento de romper con las cadenas del pasado y apostarlo todo por un jugador que puede situar a la franquicia de Salt Lake City en el mapa durante varios años.

(Fotografía de portada de Kevork Djansezian/Getty Images)


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