Brooklyn Nets contra el discurso de los reyes


No importa dónde se sitúe el comienzo de la NBA moderna. Da igual que escojamos como punto de partida a Bill Russel, a Kareem Abdul-Jabbar o a la rivalidad entre Magic Johnson y Larry Bird. Todos los campeones a los que alumbraron estos totémicos nombres, los que convivieron con ellos recogiendo sus migajas y los que vinieron después, han encontrado en el apartado defensivo un factor indispensable dentro de los discursos que les elevaron a la gloria.

En el balance entre ataque y defensa, aunque no son excluyentes, la construcción del campeón tiende a afincarse en la segunda. De ello dan buena cuenta las mencionadas dinastías, que, con independencia de su poder ofensivo, hallan en la destrucción de juego su componente vertebrador o, al menos, un mástil al que agarrarse en la zozobra. A ellas hay que añadir las de los Bulls de Jordan, los Spurs de Popovich, los Lakers de Phil Jackson e incluso los últimos Warriors. Todo defensas de élite, aunque no siempre su piedra angular.

También los versos libres que surgen entre tanta grandilocuencia siguen idéntico modus operandi, y ahí están los Knicks campeones, los Pistons de 2004 o los Raptors de 2019. Si alguna vez el paradigma amenazó con cambiar, la vertiginosa década de los 80 terminó con el equipo popularmente reconocido como el más destructivo de la historia. Los Bad Boys de Detroit suponen la cima de un estilo del que también son precursores. De la mano de los Rodman, Laimbeer, Dummars o Mahorn; Chuck Dally construyó un sistema que tenía el castigo y minimización del talento rival como máxima. La década de los 90 lo convirtió en costumbre fuera de la burbuja de Chicago, y la actualidad lo ha reciclado en forma de capitalización de perfiles defensivos versátiles que arrojar a las estrellas ofensivas de una liga cada vez más ‘perimetrocéntrica’.

A contracorriente de la historia

‘Las defensas ganan campeonatos’ es una aseveración que los últimos sesenta años de NBA corroboran sin apenas máculas. Pero en una de las temporadas más rocambolescas de la historia de la liga, un equipo se alza como máximo favorito para romper con todos estos moldes. Antes de comenzar su andadura en playoffs, los Brooklyn Nets parten como principal candidato al anillo para las principales casas de apuestas con bastante diferencia sobre el segundo, que son Los Angeles Lakers. Así, los de Steve Nash se convertirían en el campeón con la peor defensa en liga regular de la historia de la NBA.

Desde que la liga cuenta con al menos 20 equipos —22 en la temporada 1976-77— solo un equipo ha registrado un rating defensivo en la mitad negativa de la clasificación levantando el anillo a final de curso. La defensa de los Lakers en la 2000-2001 fue la novena peor de la liga regular. Pero el dato queda en anécdota como víspera de una de las mayores demostraciones de superioridad de la historia de los playoffs. El conjunto angelino levantaría el segundo título de aquel three-peat perdiendo solo un partido por el camino —balance de 15-1 en playoffs— y con la mejor defensa entre todos los equipos que participaron en postemporada.

Brooklyn parte también como el noveno peor dato defensivo de la temporada, pero no parece tener recursos para protagonizar un arrollamiento en las trincheras similar al que Shaq, Kobe y compañía firmaron hace veinte años. Y esto, lejos de hablar mal de los Nets, pone en perspectiva el miedo que infunden en las defensas rivales sus tres principales figuras.

La predilección de las casas de apuestas choca parcialmente con las simulaciones llevadas a cabo por los portales estadísticos de más renombre. Las previsiones de los especialistas van del 5,8% que les otorga Basketball Reference al 14% brindado por FiveThirtyEight. Aunque ESPN les coloca como favoritos con un 21,8%, aventajando por cuatro décimas a Utah Jazz.

Insinuación a la grandeza

Dejando cábalas formales a un lado, lo que queda es la idea extendida de que ‘si están todos sanos son los claros favoritos’. Y, por banal que resulte este pensamiento, es complicado engañar a lo que cualquier espectador ha podido presenciar en los fulgurantes destellos que ha dejado el tridente de los Nets en cancha. Los cuales han sido sostenidos en el tiempo por la infinita prosa ofensiva que esgrime cada una de estas tres individualidades por separado.

Es de dominio público que Kevin Durant, Kyrie Irving y James Harden solo han compartido siete partidos juntos en cancha, aderezados por los escasos encuentros en los que al menos dos de ellos han podido aunar fuerzas. Aún así, las lógicas dudas sobre el estado de forma y la química de equipo que puedan presentar en el momento más crítico de la temporada se disipan cada vez que uno de ellos anota un tiro imposible de forma rutinaria.

Descubrir a pequeñas porciones que KD sigue sin tener defensa posible, que Kyrie está en el más alto grado de madurez de su carrera y que La Barba ha desempolvado su versión más solidaria sin sacrificar colmillo anotador, provoca que el partido que se juega en las mentes del público siempre caiga del lado de los Nets. Aunque con ellos la historia invite al cinismo, subyace la ilusión de saber que su triunfo significará irremediablemente un despliegue ofensivo sin parangón.

Más excepción que precursor

El simple hecho de que un equipo que recibe 113 puntos por cada cien posesiones sea claro aspirante al título ya nos habla de la magnitud de su talento ofensivo. Pero quien quiera mirar a los Nets como ejemplo del descenso defensivo generalizado estará equivocado. Es cierto que esta temporada, por tercer año consecutivo, se han anotado más puntos por partido que nunca. También es verdad que las defensas quedan cada vez más desamparadas ante una evolución ofensiva que tiende a agrandar las dimensiones del campo. Sin embargo, estos Brooklyn Nets difícilmente significarán un antes y un después en la forma de acercarse a la gloria.

Una conjunción de talento atacante de tamaña magnitud no puede considerarse como norma, por mucho que se esfuerce en encapsular dentro de una cancha NBA los principios del primer Fútbol Club Barcelona de Johan Cruyff. La unión de tres jugadores capaces de encabezar por sí mismos un ataque equiparable al mejor de la competición, jamás podrá ser visto como motor del cambio de los tiempos. Lo normal es que el anillo se siga ganando desde la defensa con la asiduidad acostumbrada en los últimos 60 años, por lo que a lo que ahora acudimos es a la posibilidad de presenciar una extraordinaria rareza histórica. Disfrutemos.

(Fotografía de portada de Jason Miller/Getty Images)


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