DeMarcus Cousins, ahora sí


Tal vez esto que os voy a contar no sea tan importante o relevante como lo era hace cuatro años. Tal vez haya pasado de factor clave a tangencial. Tal vez lo que antes generaba preocupación, ahora sólo muera en anécdota. Que lo que antes se colaba en la portada de ESPN haya quedado relegado a pop-up invasivo de TMZ.

¿O puede que tal vez no?… Pues no. Desde luego que no.

Sólo hace falta ojear algunos vídeos suyos de estos primeros partidos con los Rockets. Y no me refiero al boxscore, al nivel de usage o a su impacto directo en el juego. Me da igual que arranque de suplente de Christian Wood o si sus porcentajes parecen los de Andris Biedriņš tirando triples con la izquierda (su mano buena). It’s all about feeling, y entre subirse al coche de nuevo y dar contravolantazos en el Furkapass hay un trecho que sólo el tiempo y la continuidad en pista pueden solucionar.

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DeMarcus Cousins lleva encadenado al 2020 desde el año 2018: una desgracia tras otra en concatenación, que nos empujan a recordar sus 2 All-NBA, sus 4 All-Star o su condición de mejor interior de la Liga como algo cada vez más melancólico y lejano. La crónica se vende sola: a una de las lesiones más devastadoras en un big men, la rotura de Aquiles (Pelicans), le siguió otra en el cuádriceps al año siguiente en primera ronda de playoffs (Warriors), dándole la puntilla un desgarro del ACL que ni su evidente pérdida de peso le sirvió para esquivar (Lakers).

Ahora está en Houston, y su problema en estos diez primeros partidos de RS no son las lesiones, sino otro menos drástico y más recurrente que le acompaña allá donde va, como el loro al pirata, a lo largo y ancho de su carrera: un carácter de lo más polémico y singular.

Apasionado y visceral. Indómito y cabezón. Volcánico e incomprendido. Y más chulo que un pirulo. Así es Cousins, un tío apañado fuera de cancha (por favor, ved esto) pero que cuando entra en ella, entre la sonrisa torva pasivo-chulesca y el mandoble al rival con balón y sin razón, pueden transcurrir ocho décimas de segundo… y el reglamento no necesita más, ni los árbitros tampoco, para sancionar una conducta que es difícil adivinar a quién ha perjudicado más a lo largo de los años: si a él mismo o a sus equipos.

El fichaje de Cousins lleva siendo financieramente un chollo desde que los Warriors lo adquiriesen en 2018 por una temporada y 5,3 millones de dólares poco después de que éste dijese no a NOLA por dos a cambio de 40. Tras ellos los Lakers entraron en escena con sus de 3,5 millones en 2019, y ahora han sido los tejanos quienes se han hecho con el pívot a razón de un contrato de 2,3 millones de dólares que ni siquiera están garantizados.

Su desplome ha sido total, y sin embargo tanto la franquicia que lo ficha como el aficionado que observa, aguarda, con avidez, el momento de la campanada. La llegada a sus dos últimos equipos por debajo del radar combina con una volatilidad que cotiza al alza: si explota, los dados marcarán un seis-doble, y lo que era una tirada sin riesgo puede reconvertirse en cromo All-Star en cuestión de días/semanas. Los Lakers lo sabían, en Houston lo saben y DeMarcus, por supuesto, también lo sabe.

Aunque en pista, a ratos, a Cousins todo esto se le olvide. En lo que va de enero, tres veces ya: una ante Dallas y dos ante los Lakers. Y eso suman un total 137 faltas técnicas en una década como profesional.

Jugadores con más técnicas de la historiaJugadorFaltas técnicas
Karl Malone332
Charles Barkley329
Rasheed Wallace317
Gary Payton250
Dennis Rodman212

Como vemos aún está lejos del top de cañeros-ilustres, pero este año vuelve a pintar bien para seguir escalando puestos en la lista: con dos expulsiones y tres técnicas es ya el 2º jugador de la Liga (con un valor de 0,4 según Teamrankings) con mayor promedio de técnicas por minuto, sólo tras Ignas Brazdeikis, un eventual de los Knicks que acumula un total de cuatro minutos sobre el parqué.

‘Bien’‘mayor’‘escalada’… todas palabras biensonantes pero con exclusivo tinte peyorativo en este caso, pues la realidad para jugadores de su perfil se vio trágicamente agravada en 2001, cuando todo cambió. ‘La era de las técnicas‘ había concluido, y la barra libre de ‘una por partido’ empezó a ser de pago a partir de la número dieciséis.

Cambio radical: ciao, Harden; ¿ciao, Victor?

Anteayer explotó al fin la bomba y se produjo el esperado traspaso, y hasta cierto punto es una pena. Porque con James Harden –quien podía pero no quería–, John Wall –quería pero le desanimaban–, Christian Wood –quería y podía–, y un buen elenco de secundarios –Gordon, Tucker, McLemore, House, Nwaba… que se dedican a lo que pueden y les dejan–, estos Houston Rockets, con Cousins a bordo y de vuelta, sí podrían haber funcionado y dar batalla otro año más en un Oeste que muerde, aunque la Barba y su chándal de calentamiento creyesen de antemano que todo estaba perdido.

¿Y ahora, sin Harden… pero con Oladipo? Aplausos. Sencillamente aplausos y más aplausos. Si Cousins es el principio y el Hayward de los Hornets la meta, Victor Oladipo se encuentra a 3/4 del recorrido. Ya casi lo tenemos, y los Rockets (post-Harden) pueden suponer un modelo de continuidad muy similar al de Indiana Pacers en la Conferencia Este.

John Wall –espero que se me entienda–, tiene lo mejor de Chris Paul (generosa visión de juego) y de Russell Westbrook (velocidad que da muestras de no haber perdido), para formar un combo realmente atractivo con Oladipo a su vera. Estos Rockets no necesitan esperar a cobrar sus nuevas rondas, el último regalo de Harden, para seguir teniendo pintón sobre el papel y tiempo suficiente para fraguar una identidad y llegar con los fusiles listos para dar guerra en esta misma postemporada.

Liberado de la planificación centralizada que implicaba tener a Harden en nómina, Stephen Silas puede ponerse, al fin, sus ropas de Django Unchained, gafas de Charles Bronson en The White Buffalo incluidas, y empezar a mostrar en su primer año al frente de un banquillo de todo lo que es capaz.

Después de este radical intercambio de escoltas, Indiana, dije antes, aflora como el ejemplo a imitar (¡ojito, por cierto, a estos con Levert!), y aquellas palabras de Jean Monnet en uno de los mejores pathos de siempre (“No unimos Estados, unimos personas”), operando e inspirando como el eje vertebrador de lo que deben ser los Rockets a partir de mañana: un vestuario que vuelva a funcionar en comunidad; una piña de buenos jugadores de dorsal indiferente; una pizarra sacrificada en el esfuerzo y compensada en la estrategia, y un adalid contra el heliocentrismo de los super-equipos de nombres concretos. Sin discriminación ni prerrogativas, con orden y jerarquía pero sin monoteísmos ni dictadura.

¿Y cómo encaja Cousins en todo esto? Pues como ese jugador cuya mejor y más eficaz versión la disfrutamos, no en Sacramento donde era el pilar del todo, sino en NOLA, cuando compartió mesa con Anthony Davis, Rajon Rondo, Jrue Holiday o Nikola Mirotic. Respecto a su cuerpo –su tren inferior más en concreto– podemos afirmar que sigue ‘indemne’. Volvió más que vivo tras el calvario con el Aquiles (16,3 puntos, 8,3 rebotes y 48% en TC en 30 minutos con GSW), y ahora se adentra de lleno en esa otra fase en la que, sin más contratiempos, bastará con ir facturando ritmo competitivo con la tranquilidad que supone la presencia de un Wood velando por su pintura, y unos Wall, Tucker, Gordon u Oladipo haciendo lo propio con el liderazgo de la rotación.

(ÚLTIMA HORA: Según los últimos rumores, con Dipo y Tucker saliendo y Rafael Stone atiborrándose de rondas e iniciando la reconstrucción, puede que a estos Rockets jamás los lleguemos a ver funcionar… un error y una pena de darse, pues esta plantilla, la vigente, merece al menos la oportunidad de intentarlo)

Su tiro de tres está (mecánica sólida y fluida), el first step volverá, salto nunca ha tenido, el IQ jamás se pierde, y el ser un muro de piedra, tanto en los bloqueos y pantallas como en la lucha por la supremacía en la zona, ha quedado patente que lo sigue siendo cuando Markieff Morris casi rebota contra él en su pequeño duelo de testosterona.

Como seguro que no estará ni regresará a su versión anterior a 2017, es si las técnicas y las flagrantes no cesan y las expulsiones se siguen produciendo.

“Sabéis lo que pienso”, decía el center el pasado 6 de enero tras la que había sido su expulsión frente a los Mavs por su roce con Cauley-Stein. “No tengo nada que decir. Debo callarme, pues la liga busca hacer dinero con esto. No tengo nada que añadir. Es lo que es. La próxima lo haré mejor. Cada vez que siento que estoy recuperando el ritmo, sucede algo. Primero los siete días de cuarentena. Luego la expulsión. Con un poco suerte, podré retomar esa senda en la que me siento bien y jugar en los momentos clave y empezar a ver realmente una mejoría en cancha”.

Ahí está, fiera. Contradiciendo a Shrek, “mejor dentro que fuera”. Ya va siendo hora de que DeMarcus haga honor a la promesa que se hizo a sí mismo hace tres años y que tachonó en su propia taquilla para no olvidarlo: 5 técnicas como límite. Por ser tú y mantener el realismo, nos conformamos con diez.

Así que Boogie… mens sana y cabeza; que el in corpore está en camino.

Trust the your process.

Datos y tablas obtenidos de NBA Stats, Spotrac y ESPN.
(Fotografía de portada de Carmen Mandato/Getty Images)


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