La otra mirada a la burbuja NBA: la visión del periodista


Las 22 franquicias presentes en Orlando han completado su primera semana en la burbuja acondicionada por la NBA cerca del complejo ESPN Wide World of Sports. Desde el 9 de julio, los jugadores han podido participar en entrenamientos y actividades grupales sin ningún tipo de restricción en el número de participantes pero cumpliendo siempre la normativa recogida en el protocolo de seguridad. Algunos, por uno u otro motivo, todavía no se han unido a sus compañeros y lo harán durante los próximos días mientras que otros, como Zion Williamson, han tenido que abandonarla por motivos personales.

La recepción por parte de los jugadores y cuerpo técnico ha sido muy dispar. Mientras que en los primeros días se recogieron varias quejas al respecto de la comida servida durante la cuarentena y comodidades varias, la apertura a la socialización de los presentes ha dejado diversas imágenes curiosas y divertidas en las redes sociales de jugadores y equipos. Partidas de golf, largas sesiones de pesca, duelos a ping pong y numerosas interacciones en grupo han amenizado las largas jornadas de aislamiento.

Una de las figuras que ha sido pasada por alto en esta pequeña muestra de la burbuja ha correspondido a los periodistas y reporteros presentes en ella. La facilidad de compartir material audiovisual, ya sea en directo o de manera anacrónica, por parte de los principales protagonistas parece haber relegado la cobertura de los medios a un segundo plano. Al menos hasta que comiencen los partidos y el balón vuelva a botar. Pero estos también nos han regalado un vistazo muy interesante a un entorno aún más inusual.

Una nómina de medios reducida

Cerca de 20 periodistas han recibido el permiso por parte de la NBA para cubrir de primera mano un evento único e histórico. Por sus características tan particulares y un historial sin precedentes. Entre los principales medios de comunicación presentes en Orlando se encuentran Associated Press, The Athletic, The Boston Globe, The Dallas Morning News, Los Angeles Times, Sports Illustrated, USA Today, The New York Times y The Washington Post. ESPN y Turner, en calidad de medios oficiales de la liga, tendrán una representación similar en cuanto a número de enviados. Dos de ellos tuvieron el privilegio de unirse al campus incluso antes de la llegada de los equipos con el objetivo de garantizar una cobertura mínima durante los primeros días: Malika Andrews (ESPN) y Chris Haynes (Turner y Yahoo). Una representación fundamental en una reanudación que contará con un vacío insustituible: los aficionados.

Tres meses en cuarentena dentro de un complejo de lujo puede sonar atractivo para algunos. Pero esta burbuja puede hacerse cuesta arriba para algunos. No es lo mismo introducirse en ella para jugar y disfrutar del ocio que para trabajar arduamente sin apenas contacto con ‘el mundo real’.

Malika Andrews ha admitido que se lo pensó dos veces antes de aceptar la tarea. Los periodistas deben someterse a pruebas diarias de COVID-19 y solo tienen permitidos desplazarse entre su hotel y las zonas de entrenamiento y los tres recintos donde se disputarán los partidos: el HP Field House, el Visa Center y The Arena. Los tres hoteles donde se ubican las 22 franquicias están fuera de los límites de la prensa, como ha recordado Marc Stein.

A diferencia de lo ocurrido con los jugadores (salvo en el caso de los invitados) los medios de comunicación tienen que hacerse cargo con todos los gastos de sus empleados y de la promesa de que no abandonarán la burbuja hasta el 13 de octubre. Solo en casos puntuales podrán ser sustituidos por otro periodista, como es el caso de Scott Cacciola, quien ocupará el puesto de Marc Stein a principios de septiembre. Este proceso de reemplazo, sin embargo, costará 4.500 dólares a las arcas del New York Times. Además, todos aquellos representantes de los medios con acceso permitido supondrán un coste de 550 dólares diarios, desglosados en pruebas médicas, comida, transporte y servicios varios.

Una cobertura inusual e histórica

Pese a las dificultades y los temores personales y colectivos, tanto sanitarios como familiares, todos los periodistas desplazados a Orlando coinciden en la oportunidad histórica que supone contar todos los entresijos de la reanudación en un entorno oneroso y desconocido.

“No voy a mentir. Estaba nerviosa. Soy un poco hipocondríaca y tengo episodios de ansiedad”, ha explicado Andrews. “Pero, ante todo, amo el periodismo deportivo. Esto es lo que hago y es una increíble oportunidad. Solo hay diez reporteros y un puñado más de personas que podrán experimentar todo esto y documentarlo de primera mano”. Joe Vardon, de The Athletic, se hizo eco de esos mismos sentimientos y afirmó que “podría ser la última gran tarea de redacción deportiva estadounidense”.

El procedimiento antes de entrar en la burbuja ha sido arduo para todos. En el caso de Malika, tuvo que acometer una primera cuarentena de siete días en su domicilio de Nueva York. Tras tomar un vuelo a Orlando fue recogida por un chófer en el aeropuerto. Antes incluso de tomar su equipaje le mostró una foto de su negativo en la prueba de COVID-19 para tranquilidad de todos. Después de otras tres noches de estricto confinamiento en un hotel de la ciudad, Andrews y su productor fueron trasladados en autobús al resort de Disney World, entrando oficialmente en la burbuja de la NBA.

Posteriormente fueron recluidos en una pequeña habitación de 30 metros cuadrados. Durante este nuevo confinamiento de siete días, a ninguno de los periodistas se les permite abandonar la habitación mientras que a ella solo pueden entrar los dos miembros del cuerpo médico encargados de realizar las pruebas diarias de COVID-19. Al igual que ocurrió con los jugadores, serán reubicados a nuevas habitaciones concluido este primer periodo de cuarentena, el cual abandonará Marc Stein este domingo. Para hallar las primeras muestras de ‘trabajo de campo’ debemos regresar a ‘nuestros corresponsales’ Malika Andrews y Joe Vardon.

Contacto directo y no tan directo con los jugadores

Pese a las grandes restricciones existentes en cuanto a desplazamientos, las posibilidades de encontrarte de frente a cualquier jugador nada más doblar una esquina son ahora más grandes que nunca gracias a la burbuja. “Cuando voy a tomar un café por la mañana a menudo veo jugadores desayunando y hablamos sobre la comida o cómo fue el entrenamiento el día anterior”, relata Andrews. “Te encuentras con jugadores constantemente. Nunca antes había doblado una esquina y decir ‘¡Oh!, ahí está LeBron’ u ‘¡Oh!, es Giannis’. Esto ocurre todo el tiempo aquí.”

La experiencia de Vardon al respecto de la comunicación directa con los jugadores ha sido distinta, principalmente en lo referido propiamente al baloncesto y las tan ansiadas ‘exclusivas’. El periodista de The Athletic ha informado que las conversaciones privadas sobre baloncesto están prohibidas, por lo que abordar a esa gran estrella, entrenador distinguido o general manager poderoso será imposible en esta ocasión. “Esas conversaciones están prohibidas aquí. Pero cualquier conversación que tengamos con un jugador o un entrenador será parte de una entrevista formal que se transmitirá a través de Zoom a todos los reporteros que no estén aquí”.

Esta situación se volverá todavía más cruda, fría y distante cuando se reanude la temporada. Los periodistas no tendrán acceso a los vestuarios en ningún momento durante la burbuja. La mayoría de las entrevistas se realizarán virtualmente o desde una distancia segura. Las tan habituales entrevistas ‘en movimiento’ en pasillos, zonas de entrenamiento o a la salida del autobús del equipo no tendrán cabida en un protocolo que exige una separación de, al menos, metro y medio. Esto significa, entre otras cosas, que los periodistas y productores tendrán que utilizar dos micrófonos, uno para ellos y otro para el jugador o entrenador entrevistado con el fin de garantizar la seguridad del entorno. Todo sea por ofrecer a los aficionados el mejor relato posible. “Es nuestra responsabilidad acercar a los aficionados a esta realidad ya que no tendrán la posibilidad de vivir esta experiencia. Queremos mostrarles por lo que estamos pasando, lo que estamos viendo y escuchando, ser sus ojos y oídos en este lugar”, afirma Andrews.

Una de las primeras aclaraciones realizadas por los medios sugieren que las críticas iniciales de los jugadores han sido exageradas. Damian Lillard comparó la burbuja “con una cárcel”. Muchos de los jugadores criticaron la calidad y la cantidad de las raciones de comida, tres al día. “La comida es bastante deliciosa. La liga se ha acomodado para llevar equipos de gimnasia a mi habitación. No sé qué prisión se acerca siquiera a disfrutar de este tipo de comodidades y alojamiento. No solo para los jugadores, sino también para el personal y los medios de comunicación. Es una comparación bastante tonta definirlo como prisión. Todo lo que se está haciendo aquí es en nombre de nuestra seguridad”, puntualizó Andrews. Ciertamente es posible que el verdadero problema sea la gran distancia existente entre los estándares de los jugadores y el resto de habitantes de la burbuja.

Seguridad, tecnología y entretenimiento

Enfundados en un par de guantes y una mascarilla, los periodistas reconocen que, por momentos, parecen estar protagonizando una película de ciencia ficción, mientras explican los diversos dispositivos de alta tecnología que la NBA les ha ofrecido para garantizar la salud del lugar. Entre ellos se encuentran un monitor de distancia social que emite un aviso sonoro cuando esta rebasa el límite del metro y medio. Este también mide la temperatura corporal y el pulso, datos que se envían automáticamente a una aplicación médica de la liga. Marc Stein destacó el uso del brazalete ‘Magic Band’ que hace las veces de llave de habitación y que está adornado con dos siluetas icónicas: Mickey Mouse y Jerry West. Para el periodista del New York Times puede tratarse del “mejor recuerdo de Disney que se lleve a casa cuando todo termine.”

Sea como sea, el aburrimiento es un vocablo sin significado en Disney World. Ya no por el carácter ocioso y mágico del recinto, sino por la gran cantidad de trabajo que tendrán que afrontar los medios en los próximos 90 días. “Me siguen preguntando si estoy aburrida. La respuesta es absolutamente no. Hay muchos informes y trabajo que hacer. Mis días están llenos”, explica Andrews, quien compagina sus arduas jornadas laborales con ejercicio físico y clases de meditación.

Lo que resulta tranquilizador es que, al igual que ocurre en un viaje de final de curso o un campamento de verano, incluso el periodismo profesional no ha podido resistirse a la tentación de las bromas y el entretenimiento. Según ha informado Marc Stein, se ha podido ver a Chris Haynes gastándole una serie de bromas, entre ellas “tocar el timbre de su habitación antes de salir inmediatamente corriendo a esconderse.”

Nadie ha podido definir mejor esta experiencia que Malika Andrews. “Definitivamente, ha habido mucha curiosidad. Es una experiencia extraña. No hay nada de lo que tengamos experiencia previa y a lo que podemos recurrir. Es comprensible que haya tantas preguntas y dudas.”

Una vez que salga de la burbuja, Andrews tiene muy claro lo que quiere hacer. “Un corte de pelo y sushi”. Nosotros, o al menos yo, también estamos de acuerdo. Extraño sí, ¿pero quién no querría estar al menos una semana en esa misma situación?

(Fotografía de portada de Mike Lawrie/Getty Images)


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