Philadelphia Sixers de principio a fin


Moralidades aparte, el llamado The Process terminó llegando a buen puerto en Philadelphia. Una de las etapas más vergonzantes de la historia del deporte americano en cuanto a rendimiento deportivo se refiere puso a la franquicia en el lugar esperado. Preparados para ser aspirantes reales al anillo. Sin embargo, el error estaba en creer que a la que iban cayendo rondas altas de draft, estas se colocarían solas para formar un puzle glorioso. La realidad es que no basta con acumular recursos, sino que hay que darles un sentido. Parcela que destaca como el gran debe de la organización de Pensilvania en años recientes.

La construcción de plantilla durante la etapa de Brett Brown en los banquillos y Elton Brand en las oficinas llevaba a una configuración de equipo algo errática. Incluso durante el año de estancia de Jimmy Butler, pico competitivo del proyecto, el conjunto se caracterizaba por ser menos que la suma de sus partes. Llegando al batiburrillo de roles y jerarquías que fueron los Sixers durante todo el pasado año. Las críticas, por supuesto, se centraban en las cabezas visibles de todo el entramado. Joel Embiid y Ben Simmons, las dos joyas de la corona de El Proceso, siempre estaban bajo la acusación de su incompatibilidad en pista.

Hacer fácil lo difícil

Hasta que llega Daryl Morey con Doc Rivers bajo el brazo y demuestra al club que, a veces, si sumas 1+1 el resultado es 2. El flamante nuevo Presidente de Operaciones Deportivas aterriza en Philadelphia con el objetivo de demostrar que las dudas que se cernían sobre la dupla Embiid-Simmons no tienen tanto que ver con ellos mismos y sí con el entorno que los rodea. Las directrices son claras:

  1. El aclarado sobre Joel Embiid es la piedra angular del juego en estático del equipo. Ya sea desde poste alto o bajo, todo gira alrededor de la lectura que haga el pívot tras recepción. Para posibilitarlo espacialmente, llegan Seth Curry y Danny Green, encargados de abrir la pista a tiempo completo en apoyo o lado débil.
  2. Ben Simmons no debe esperar a nadie. Más allá de lo que suma su lectura a media pista, Simmons debe correr la cancha y que su capacidad de improvisación haga el resto. Normalmente podrá encontrar vías hacia el aro, pero si la jugada le pide frenar su primer zafarrancho, cada nuevo jugador que llegue en segunda o tercera oleada será una línea de pase que el australiano alimente.
  3. La defensa es el apartado diferencial del equipo. En cuanto a talento defensivo individual, no hay equipo en la liga que esté claramente por encima de los Sixers. Doc Rivers es uno de los técnicos más dotados para alimentar esta capacidad de destrucción del juego rival. El entrenador ha construido un sistema que muerde líneas de pase y construye una primera telaraña en el perímetro para que Embiid o Howard puedan ser diferenciales en la defensa del aro sin gastar demasiadas energías. En este apartado, resulta clave el enfoque de Ben Simmons, al que se ha despojado de responsabilidades ofensivas para que pueda centrarse en defender a la estrella rival todas las noches y activar más a menudo su devastadora transición. A lo que Ben ha respondido con nivel de Jugador Defensivo del Año.

Pero no basta con colocar las fichas en la pizarra, falta el trasvase a la realidad. Y ahí, los Sixers han encontrado dos capítulos que ha repetido de manera rutilante durante toda la temporada. Los inicios y cierres de partido de Philadelphia resultan imponentes en forma y fondo.

Un martillo neumático de primeras partes

El guion que más se repite es el del dominio absoluto de Joel Embiid en los primeros 24 minutos de juego. Aquí, el pívot aprovecha para marcar el tono físico del partido, acudiendo de forma continua a situaciones en las que poder cargar contra su defensor para meterle en problemas de faltas desde el principio. Esta rutina desemboca en el punto en el que Embiid se descubre imparable entre el primer y el segundo cuarto, pudiendo sacar todo su arsenal de movimientos en el poste y tiros de media distancia con la ventaja que le otorga su físico y un rival con miedo a mandarle a la línea de libres.

Esto le convierte en el máximo anotador de la liga en primeras partes —16,5 puntos— y, con diferencia, el jugador que más tiros libres ejecuta y anota en estos periodos —6,2 intentos por cada primera mitad, de los que convierte un magnífico 84,6%— según datos de NBA Stats. No obstante, el taladro constante de Embiid en el aclarado no sucede en una burbuja. El gran salto cualitativo del pívot está en la capacidad de lectura de situaciones que ha adquirido este año.

No solo el contexto mencionado le facilita la tarea, sino que ha adquirido la sabiduría para salir de este tipo de situaciones y poner al resto de piezas a funcionar a partir de la fuerza gravitacional del camerunés. Pese a calcar sus cifras en asistencias y pérdidas por partido, sus pases ya no parecen querer quitarse el balón de encima, sino darle un sentido diferente al plan de ataque inicial.

Aunque, personalmente, los inicios de partido dominados por Ben Simmons me parecen de un impacto visual apabullante. Aquí no hay estadística que lo descubra como un patrón, pero quien haya admirado una de estas fugaces actuaciones, la recordará como se recuerda una lluvia de estrellas o un eclipse. Se puede mostrar dominante en primera línea defensiva y cargar contra el aro como si todavía siguiese practicando el fútbol australiano que tanto le gusta.

Pero lo realmente digno de ver son los instantes en los que fluye a media cancha de forma continuada y a máxima velocidad. No hay acción técnica que deba terminar de principio a fin porque lo importante es la creatividad. Y de ahí su célebre pérdida de pasos, hallar el corte de un compañero que se encuentra de bruces con el balón o sublimar el juego sencillo hasta derribar las ideas posicionales que se le suponen al baloncesto.

Echar el cierre cuando todo termina

El otro gran filón de los Sixers es el clutch. Es decir, los últimos cinco minutos partidos con diferencia de cinco o menos puntos. Philadelphia es el segundo equipo que más partidos ha ganado por esta vía, y el que mayor porcentaje de victorias acumula. Un dato llamativo para un grupo al que siempre se ha señalado como falto de recursos en estas tesituras. Sobre todo con la ausencia de tiro de Simmons como cabeza de turco.

Puede que no cuenten con figuras capaces de definir estos momentos de partido en el ataque, pero su defensa marca diferencias más que en cualquier otro contexto. Los 99,6 puntos por cada cien posesiones que permiten los Sixers en el clutch son el tercer mejor dato de la liga, siendo el único equipo que repite podio en esta valoración y en la general.

Lo hacen, además, lanzando defensas agresivas contra cualquier jugador de perímetro. Perfiles como Simmons, Thybulle, Harris o incluso Milton —presente en mucho de los mejores quintetos defensivos del equipo— aprietan la toma de decisiones en momentos ya de por sí agobiantes. Ante lo que Embiid y Howard se muestran un cerrojo en la zona a nivel de protección de canasta y rebote.

The Process ante el momento de la verdad

Como cualquier análisis a estas alturas, enfocarlo a las fases eliminatorias es natural. Y es justo este bastión defensivo la que seguramente resulte la baza más replicable del equipo de cara a postemporada. Las primeras rondas en la Conferencia Este parecen bastante desigualadas a la espera de ver quien ocupa al cuarto y quinto puesto o el estado en el que lleguen equipos como Miami y Boston. Los Sixers son uno de los cuatro equipos que ha certificado ya su presencia en playoff y ahora mismo son segundos, lo cual les llevaría a enfrentarse contra el ganador del play-in entre séptimo y octavo.

Si bien un enfrentamiento con los Heat podría tener sus complicaciones, el resto parecen bastante favorables para los de Doc Rivers. Y si hablamos de candidatos reales al anillo, solo Lakers tiene una capacidad de destrucción similar. En un escenario de continuos ajustes y mayor permisividad al contacto, Philadelphia ya ha mostrado sus credenciales. Y esta vez no va a bastar con encerrar a Embiid en el poste para anular su ataque.

(Fotografía de portada de Mitchell Leff/Getty Images)


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