¿Merece Andrew Wiggins ir (de titular) a su primer All-Star?

Si en mayo de 2015, recién desvirgado por la NBA y tras llevarse el ROY (su único rival posible, Jabari Parker, se lesionó a los 25 partidos), nos hubiesen dicho que estaríamos formulándonos la pregunta del titular, por vez primera, en enero de 2022… pensaríamos, y no sin razón, que algo debió torcerse exageradamente en la carrera de Andrew Wiggins, una de las más hypeadas y prometedoras de los últimos veinte años.

Pues casi, pero no. A pesar de amenazar con quebrarse en numerosos momentos, el flujo baloncestístico de Wiggins ha demostrado estar hecho de un material altamente maleable. De mejor novato y favorito de la dirección técnica por encima de Towns, pasó a un contrato máximo de 146,5 millones convirtiéndose, con sólo 22 años, en uno de los aleros mejor pagados del planeta básquet. Apenas dos temporadas después, nuestros chicos de Drafteados lo condecoraban con el título de Padre Fundador del Club de los Atracadores. Wiggins no sólo parecía haberse estancado en su juego; rozaba la involución.

Y es que las expectativas –más que por un techo desmedido, por su nulo instinto de alcanzarlo– hicieron tambalear el crecimiento del ex de Kansas desde el inicio, hasta que llegaron los Golden State Warriors para entablillar el asunto.

Pero vayamos a sus comienzos. Aquellos en los que Tom Thibodeau confundió totalmente las virtudes de Wiggins (atletismo animal, potencial defensivo, verticalidad y un tiro ‘trabajable’) y lo eligió como su clutch player en Minnesota, cayendo en la más absoluta precipitación y forzando una utopía que terminó castigando al jugador en los años venideros: siempre se le vendió mejor de lo que era.

Un diamante por pulir al que quisieron colgarle el cartel de All-NBA a toda costa, y fue como si le anudasen al cuello una campana de bronce con todo el peso del campanario.

Minneapolis, donde se congela la horchata

En aquellos Wolves, donde el mejor tirador era Zach LaVine y el mejor gestor de jugadas vestía la piel de Ricky Rubio, el entrenador impuso que el balón se depositara, como norma, en las manos de Wiggins en toda posesión caliente de final de partido. Thibs se permitió el lujo de soñar fuerte y buscó moldear ‘su Jordan’; pero contar con una portada de Sports Illustrated a los 17 años no te hace un mejor tirador en instantes de tensión. El desastre se fue gestando en base a unos porcentajes oscuros, un usage ilógico y la incapacidad del forward para imbuirse de la complejidad del juego a nivel intravenoso.

Por si fuera poco, la llegada de Jimmy Butler, que supuso los primeros playoffs de la franquicia en trece años, sirvió también para terminar de evidenciar la falta total de liderazgo y sangre tanto en Towns como en Wiggins. El gen Mamba, del que poco quedó en Minnesota a pesar de los esfuerzos, en su agonía profesional, de Kevin Garnett.

¡Al fin unos playoffs, sí!… pero de química, cero. Y cultura de equipo, menos aún. Butler pidió el traspaso, y un año después estaba disputando las Finales de Conferencia con los 76ers mientras los Wolves volvían a hundirse en el hoyo a pesar de contar con dos números 1 del Draft y sus respectivos contratazos.

2019 fue el último de Andrew en la franquicia de Minneapolis. Ni siquiera lo llegó a terminar, pues en cuanto se presentó la posibilidad de un traspaso que agradaba a Towns (el único de ambos que había sido All-Star y vencedor en el descarte), Gersson Rosas aprovechaba la oportunidad para hacer su primera gran operación de general manager: D’Angelo Russell por Andrew Wiggins. Un traspaso que no fue a pelo porque entre la morralla (Jacob Evans, Omari Spellman…) se incluyó una primera ronda del Draft 2021 que ha terminado materializándose en Jonathan Kuminga.

–(Un rápido aplauso a la gerencia de los GSW y seguimos)–

Warriors: otro equipo, clima y ‘cultura’

Para algunos, al principio, Wiggins sólo estaba de paso por La Bahía al igual que Russell o Oubre Jr. antes que él. Arrastraba varios males endémicos tras un lustro de profesional; entre ellos un 52% de True Shooting (cuando la media del circuito es del 55%), y unas cifras lamentables en todo aquello que no fuese anotación (suspenso en rebotes, asistencias e impacto defensivo). Casi todos los compartimentos de la estadística avanzada lo dejaban como un jugador mediocre y nada eficiente. Fuet a precio de ibérico; insultantemente sobrepagado. Un atraco, vamos.

Así repartía sus tiros el Wiggins de 2018

Menos de seis meses necesitó Steve Kerr para empezar a sacar a la luz al verdadero Andrew Wiggins. No al All-NBA, pues no existe tal atajo, sino a quien necesitaba ser a sus 25 años de edad. Un magnífico jugador de equipo. De posible timo a proyecto de ganga.

Adiós a los hero ball, adiós al clutch, adiós al exceso de bote y adiós chaparrón de aclarados. Hola defensa, hola spot up, hola catch and shoot, hola selección de tiro y hola estampida en transición. Y de propina, un volantazo que sólo puede ser obra de un head coach como la copa de un pino: recorte inapelable en el uso y abuso del mid-range en favor de un mayor volumen de intentos desde el triple con ambos pies bien plantados. La mejora sólo en esta faceta, ya es para que creen un MIP aparte con el nombre de Steve Kerr.

AÑOMID-R (anotados) MID-R(intentos)FG%FREQ
2014-1513843032.137,8%
2015-1615545434.135,1%
2016-1722358837.937,5%
2017-1812138031.829,2%
2018-1911132034.726,5%
2019-204613633.813,9%
2020-217620437.319,3%
2021-22359337.616,2%

En sus cinco primeros años en la Liga, Wiggins se movió en porcentajes de acierto en sus tiros de media distancia parejos a los de Russell Westbrook. Y ya os digo que eso no es nada bueno. Año tras año, en el worst-5 de la NBA.

Su amor por el pentagrama ‘old school’ y una mejora en la selección de tiro no le bastan todavía a Wiggins para alcanzar el 40% de acierto que te convierte en un lanzador de cinco/seis metros mínimamente respetable.

Los magos del mid-range en la 2021/22

La élite: Embiid: 44,1%; George: 45,2%; Jokic: 46,4%; Booker: 47,6%; Beal: 48,7%; Aldridge: 50%….

La súper élite: DeRozan dispara la locura de 8,9 tiros en mid-range por partido –casi dos más que Durant, segundo en intentos–, y con un colosal 169 de 355; 47,6%.

La mega élite: Chris Paul y sus 105 de 199, un 52,8%; o Kevin Durant con su 140 de 254, un 55,1%.

Pero lo más importante, más allá de una posible evolución tardía en este distrito –recordemos a Calderón, quien no explotó como triplista hasta los 31 años–, es que ahora recurre a este tipo de acción de forma muy marginal (apenas 1 de cada 6 de sus tiros nacen del mid-range); nada que ver con los años de Minnesota, época en la que remataba un tercio de sus acciones por este carril tan ineficaz.

Triple: check ✔️

¿En qué ha reconvertido Wiggins todos esos tiros inútiles de 5-6 metros? Lo hemos comentado antes: en sabrosos triples… ¡y madre mía el cambio!

El alero está transformando el 42% de sus lanzamientos de tres puntos este curso. Primera vez en su carrera que sobrepasa la barrera del 40%, un hito enorme que sí evidencia una palpable evolución en un jugador que, cuando aterrizó en el Draft como número 1, ya se apuntaba al triple como su mayor lunar. Ahora hablamos de un más que correcto triplista tras bote (38,5%) y uno estupendo en situaciones de spot up (43,8%), siendo los triples centrales y los ejecutados desde la esquina izquierda sus predilectos, desechando casi por sistema el lado derecho del ataque para probarse de lejos.

Wiggins, un tirador ‘de izquierdas’
Wiggins 2.0.22, versión actualizada

Y ahora el brillibrilli desencadenante: ¿qué ocurre cuando pasas de flotar a un jugador (o defender sin tener que encimarle) a tener que pegarte a él en toda acción de tiro de tres? Tratándose de Wiggins en California, ocurre Coachella: las puertas se desgoznan para abrirse a un espacio diáfano que invita a correr, y la música de dispara al son de un jugador que, no lo olvidemos, en lo físico sigue siendo un privilegiado: puertas atrás, alley-oops, cortes a canasta… todo ello alimentado por el IQ facilitador de los Green, Poole, Curry e Iggy de turno. Una orgía de baloncesto.

El resultado de todo esto es un boxscore que por primera vez se arrima al 60% de True Shooting, un nivel de acierto espectacular para un jugador de su perfil y ubicación en cancha, perfilándose a día de hoy como el séptimo mejor alero.

Fuente: Teamrankings

Si fuera de pista la cuota de mérito se la ha llevado Steve Kerr, dentro de ella hay que otorgársela casi sin medida a Draymond Green. En esta 2021-22 es el principal proveedor de balones en los tiros de Wiggins precedidos de asistencia, doblando al siguiente en la lista, además de su encomiable labor en la fijación de pantallas para evitar punteos molestos. Si Green está en cancha, el colectivo lo agradece.

Wiggins, su otra ‘nueva’ mitad: el cerrojo

Todo esto en cuanto al apartado ofensivo. De tirador de volumen a encestador fiable. Un paso gigantesco.

Pasemos, ya pues, a la defensa, faceta en la que siempre ha sido mucho de pájaro volando pero casi ninguno firme en su mano. Eterno potencial por cumplir donde actitud y aptitud andaban siempre enfrentadas.

«Quienes comparten colchón pabellón se vuelven de la misma condición«, y Wiggins sólo ha necesitado alejarse del aire viciado del Target y abrir sus pulmones al Chase Center para que la cultura del esfuerzo le inundase hasta el último alvéolo.

Una vez resuelto el tema de la actitud, lo que nos queda es jugador con quien apenas existe el mismatch. Sencillamente hablamos de un dispositivo casi inmune cuando se trata de defender a contrincantes cuya demarcación va del ‘1’ al ‘4’.

«Cada noche le emparejamos con el mejor jugador ofensivo del equipo rival. Su rol defensivo está siendo vital para nosotros, especialmente con la larga lesión de Klay», decía Steve Kerr el pasado 2 de enero. Y es tal cual lo cuenta: alto o bajo, rápido o técnico, fuerte o escurridizo… no importa cuáles sean las cualidades en las que destaque el jugador más peligroso y difícil de defender; su marcador está asignado de antemano.

(Generalmente) bueno en los cambios de asignación, una vez en frente de su par, Wiggins se transforma en un muro muy difícil de salvar. Su gran envergadura e intensidad (apenas deja espacio), convierte los fadeaways en un mal recurso ahogándolos en el punteo; en el juego de espaldas apenas regala centímetros, forzando también el gancho u obligando a sacar el balón de nuevo, y en los pocos casos de estar ante ball handlers más rápidos que él (pues también posee un veloz desplazamiento lateral), su capacidad de intercepción a través del tapón implica estirar la amenaza hasta que el balón penetra definitivamente en la red. Además, su colocación y buen hacer se reconoce en cómo tiende a perseguir a su oponente con los brazos desplegados, para cercenar posibles líneas de pase o impedir el pick and roll.

Disfrutemos de algunos ejemplos.

Wiggins vs Clarkson (1)

Wiggins vs Mitchell (2)

Wiggins vs LeBron (3)

Wiggins vs George (4)

Wiggins vs Seth Curry (5)

Wiggins vs VanVleet (6)

Wiggins vs Hayward (7)

Wiggins vs Trae Young (8)

Si nos vamos al Dashboard avanzado, éste nos revela un -4,1% en la columna de Diff% Percentage Points Different, es decir, lo que baja el porcentaje de acierto de un jugador cuando es defendido por Andrew Wiggins. Todo lo que sea un valor superior a cuatro nos sitúa ante alguien que está haciendo las cosas realmente bien en defensa en la temporada, y en lo que va de 2021-22 sólo 16 jugadores superan ese ratio.

Lo poco que lo aleja de ser un ‘All NBA-Defensive’ por el momento es su ocasional irregularidad en estas labores, no manteniendo el máximo nivel de tenacidad y depredación en todos los tramos de partido, algo normal también por su cómoda situación en la tabla clasificatoria, y tratándose de un jugador two-way al que le gusta volar al contraataque.

Tras casi 24 meses viviendo en San Francisco, Andrew Wiggins está por fin en ese punto que le colocaría entre Kevin Durant y Harrison Barnes entre todos los forwards que han pasado por los Warriors para acompañar al dúo Splash en esta última década. Barnes nunca jugó el All-Star, probablemente por su falta de peso en ataque (no alcanzó los 12 puntos por partido), a pesar de sus buenos porcentajes, y por no ser ni mucho menos brillante en la defensa de 1 vs 1.

Wiggins, que a pesar de todo aún no pasa de jugador monofocal (mal pasador y reboteador) acumula argumentos, tanto numéricos como intangibles, para presentar su candidatura al All-Star de manera legítima y no fruto de su fama adolescente.

Lo dijo perfecto Kevin Garnett hace unas semanas: «Las dudas en torno a Wiggs’ no son sobre su habilidad para ser una superestrella, sino sobre su consistencia para serlo permanentemente»

Acudir al All-Star, vale… ¿pero de titular?

Y aquí, superado el primer punto y el menos polémico, que es si Wiggins merece estrenarse como All-Star, llega el segundo y el de mayor controversia, pero que debe ser debatido por dos puntos principales: el voto de los fans y las lesiones de alguno de sus competidores directos.

La Dub Nation destaca como una de las más activas a la hora de votar, pero no sólo en San Francisco quieren a Wiggins en el quinteto titular del Oeste. El alero ha conseguido cambiar su sino a nivel global y se está convirtiendo, merced a una espectacularidad por fin salpicada por el esfuerzo, en uno de los favoritos del aficionado neutro. Si ser titular dependiera exclusivamente del voto del fan, Wiggins estaría dentro.

En los ballots por ahora aparece tercero, justo por delante de un Paul George en la enfermería y que hasta el momento de la lesión en el codo estaba cuajando otra temporada espectacular. Anthony Davis, quinto en las votaciones, también es baja desde diciembre. Ambos serían los gallos que, sin el contratiempo de las lesiones, se habrían disputado de manera natural ese tercer puesto en el frotcourt tras LeBron James y Nikola Jokic, pero sus ausencias dejan el terreno expedito para un nuevo postulante.

Draymond Green, Carmelo Anthony, Karl-Anthony Towns, Rudy Gobert y DeAndre Ayton. Salvo Carmelo (no basta con enchufar triples), todos los demás del top-10 de los más votados tienen razones suficientes para mirar de tú a tú a Wiggins por esa última plaza en el quinteto inicial de la Conferencia Oeste. Puede que alguno incluso desde arriba.

«Creo que para el All-Star deberían contarse las victorias. En caso de jugadores con similar número de votos, creo que estar en equipos ganadores debería contar», decía Kerr hace unos días en un alegato a favor de su alero.

El récord siempre se mira en estos casos, y de seguir la estela de Kerr entonces DeAndre Ayton emerge aquí como rival directo por el puesto, con los Suns en poder de un mejor récord que los Warriors (35-9 por su 33-13). El pívot, además, ostenta un papel similar al de Wiggins en su plantilla en términos de protagonismo, situado como segunda/tercera espada del equipo y cumpliendo fenomenal en su rol.

Pelea a los datos

Pero en lugar de ver uno por uno y para no ser tan farragoso, he elegido cinco categorías principales que, si bien separadas pueden quedar algo cojas, combinadas nos dan un acercamiento bastante bueno de lo ‘importante’ que es la presencia de un jugador en su equipo: Win Share (WS), Value Over Replacement (VORP), Player Efficiency Rating (PER) Estimated Plus Minus (EPM), y Net Rating (NR).

Jugador EquipoRécordWSVORPPEREPMNR
DeAndre AytonSuns35-9 (1º)3,81,222,62,74,9
Andrew WigginsWarriors33-13 (2º)3,81,116,71,98,6
Draymond GreenWarriors 33-13 (2º)3,21,515,33,75,8
Rudy GobertJazz30-16 (4º)7,72,5265,312,5
Karl-Anthony TownsWolves22-23 (9º)5,12,323,44,44,2

Wiggins vs Green

Aunque nadie le tose en intangibles (el regreso al quinteto de Klay no bastó para hacer olvidar su baja) y es el motor que suministra energía a todo el resto del aparataje, Draymond Green pierde el duelo fratricida al menos en el global de las cifras, siendo estos para su compañero de vestuario. Por su descollante poder ofensivo (se ha ido catorce veces por encima de los 20 puntos este curso) y lo mucho que ha equilibrado su defensa, en mi opinión este año Wiggins va por delante de Draymond Green en méritos para ser All-Star. En todo caso, el ala-pívot aspiraría a salir desde el banquillo para la que sería su cuarta exhibición de gala (la última en 2018).

Wiggins vs el resto

Los otros tres son verdaderos pesos pesados. Ayton tiene a su favor el récord y una pasmosa facilidad para hacer dobles-dobles sin despeinarse. Además existe el riesgo de que los Suns, líderes de la NBA, no tengan un solo representante entre los titulares salvo que entre prensa y demás jugadores con derecho a voto hagan fuerza para que Devin Booker o Chris Paul arrebaten a Ja Morant una peana en el perímetro que se merece como el que más. Si no por fuera, puede que prefieran compensarlo por dentro, aunque la titularidad de Ayton me chirriaría (a mí al menos) casi más que la de Wiggins. De todos modos esto no es más una hipótesis.

Con Towns pasa lo de siempre. El récord no acompaña a sus numerazos. Por un momento los Wolves se pusieron sextos, pero ahora mismo son novenos aunque metidos de llena en la pelea y con buenas sensaciones. Sus porcentajes son un espectáculo esta temporada para un pívot tan all-around (por encima del 50-40-80), pero es cierto que no está logrando marcar tanto la diferencia como cabía esperar, y ya hay quienes dicen incluso que Anthony Edwards es la pieza más insustituible de estos T-Wolves, por encima del dominicano.

Y además, sucede que la candidatura de Towns se estrella de lleno contra la de Rudy Gobert, que le aventaja en récord de equipo y le barre en los stats avanzados. El francés, directamente, arrasa en las cinco categorías que hemos puesto en la tabla, y siendo francos todos sabemos que es su perfil anti-show lo que nos empuja a no querer meterlo en un quinteto en el que, por todo lo demás, debería entrar de calle como el candidato más idóneo.

El tres veces DPOY no tiene recambio en Utah. Viene de ser All-Star las dos últimas ediciones pero no de titular. Con los números más abrumadores de su carrera (líder de la NBA en rebotes [15] y en acierto en tiros de campo [71,4%] y segundo en tapones [2,3]), puede que sea injusto relegarle otra vez a la segunda unidad sólo por la aburrida certeza de que no intentará un mate de concurso. Ahí va un secreto: Pau y Marc tampoco lo hicieron. Y estos sí se disputaron un salto inicial.

(Jeff Zelevansky/Getty Images)

La mini racha negativa de los Jazz, perdiendo seis de sus ocho últimos encuentros, resiste como el clavo ardiendo al que asirse para aquellos que aún opten por Wiggins por encima Gobert, llevando el factor del ‘récord’ hasta la última consecuencia aunque, como dije antes y en bajo esas reglas, Ayton volvería a levantarse de la silla reclamando atención.

Dicho esto, la diferencia en las encuestas entre uno y otro es abismal; Wiggins aventaja en más de 2 millones de votos a Gobert en apoyo popular, o al menos entre los que se han tomado la molestia de votar. Si bien en la época de Yao Ming muchos de sus paisanos se volcaban para ver al center de los Rockets titular una vez tras otra (ya lo decía Andrés Montes, «hay mucho chino en China»), no parece despertar Gobert el lado más chovinista de su pueblo en su anhelo por verle en el epicentro del mundo básquet, cruzando antebrazos con Joel Embiid.

Quizás lo más apropiado sea decir, por dar una respuesta final al titular de este artículo, que Andrew Wiggins sí merece ser titular en el All-Star (pues méritos para ello ha hecho en lo que va de curso) pero no sería justo que lo fuese en esta ocasión porque hay, mínimo, un jugador, y ese es Gobert, que lo merece claramente más que él.

Si finalmente es Wiggins el agraciado lo aplaudiremos, al igual que lo hicimos cuando un cúmulo de bajas y lo espectacular de su presencia terminaron por empujar a Zion Williamson a ser titular en su año de novato.

En esta ocasión también se han dado las circunstancias, endógenas y exógenas, para que Wiggins tenga por fin su oportunidad de brillar junto a las otras estrellas tras pasar muchos años de duro (y también merecido) ostracismo. Así que es muy factible que pase sobre Gobert haciéndole ‘un Westbrook’.

Lo que está visto es que con Steve Kerr todo es posible. Incluso ser despedido del club del que eres Padre Fundador.

2023. Salt Lake City (EnergySolutions Arena). Otto Porter Jr y Jordan Poole. Reto lanzado.

Datos extraídos de NBA Stats, HoopsStats, Teamrakings y Basketball-Reference
(Fotografía de portada de Ezra Shaw/Getty Images)


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