Miami: poder es creer


Creer es poder. Poder es creer. La primera contiene un poco de Erik Spoelstra y mucho de Jimmy Butler. La segunda nos representa a todos los demás.

Miami Heat, creedlo o no, era mi segundo caballo ganador de la Conferencia Este antes (y durante) la burbuja, sólo a rebufo de Toronto Raptors y en paralelo con los 76ers. En cuanto Ben Simmons cayó y Robinson y Herro siguieron enchufando triples, lo tuve claro. Vencer a Boston sería un repecho duro pero para nada imposible.

4-1 le dije, sin embargo, a Elio el otro día en el podcast, cuando mis adentros solo repetían en voz queda una palabra en soniquete: barrida la que temía que los Lakers pudieran infligirles a unos Heat tan peleones y aguerridos como verde es Escocia, y el miedo real a unas Finales fugaces y decepcionantes que ensuciasen una temporada, la de Miami, que había sido absolutamente espectacular.

Encadenar cuatro partidos equilibrados, disputados y parejos en los que finalmente fuese la superioridad individual la que impusiese su ley una vez tras otra (hablo de LeBron y hablo de Davis) en un último cuarto apretado, era algo no solo viable, sino perfectamente factible, y lo que más nublaba mis expectativas, cubriendo mi particular cielo del pabellón de pesimismo.

Y también sabía, es la magia del básquet, que una única excepción, un cerillazo de Miami o una noche mala del crew de L.A. podía bastar para que este sentimiento de desazón se extinguiese de inmediato. No para Buckets y Spo, ya lo dije antes. Sino para todos los demás. Poder es creer. Haberlo hecho sólo una vez, demostrar que el ¡Sí se puede! y los Yes, we can! son algo más que un eslogan político o una arenga de vestuario, da un vuelco al tablero tremendo.

Estas Finales, digan lo que digan las audiencias, ya valen la pena para el espectador en primer lugar por lo más obvio: haber esquivado la barrida. Pero en segundo lugar porque una vez inaugurado su lado del casillero y haber abierto la veda, se abre también, tanto para Miami como ante el fan ávido de espectáculo, un mundo de posibilidades e incertidumbre. Unos ending que, como los delirios de Chris Nolan, las paridas mentales de Shyamalan o los escarceos al teclado de Javier Aznar, ya no sabes por donde te van a salir ni te lanzas a poner la mano en el fuego por el Rey y su cohorte en noche de partido.

Los parias de la rotación

La oportunidad suele ser consejera inmediata de la desgracia, y las lesiones de Dragic y Adebayo en el Game 1 obligaron a Spolestra a rescatar del banquillo el descaro anotador de Kendrick Nunn y relevar a Meyers Leonard de su rol de líder supremo de los agitatoallas (¿karma quizás?)y devolverlo a su condición de jugador de baloncesto; un pívot, permitid que me detenga un instante, a quien hacía tiempo le perdí la fe en Portland, pero que durante varios tramos de la pasada RS –quienes hayan seguido a los Heat lo entenderán– me ha ido cosiendo la boca poco a poco destapándose, a sus 28 años, como un pívot con más recursos que el triple frontal (metedor), y menos indolencia en la pintura, en el movimiento sin balón y en la búsqueda del espacio de lo que jamás llegué a imaginar. Una alternativa en ataque no ‘tan madre’ en defensa, como para no regresarlo (aún con Adebayo de vuelta) a reina de las cheerleaders y añadirlo en momentos puntuales de la serie a la rotación.

Es ahora más que nunca cuando Spoelstra, en el borde mismo del precipicio, debe reafirmarse como el gigante head coach que lleva dentro y hacer que todos (es decir, los redimidos, los que regresen -aun tocados-, un Olynyk con mayor peso y Jimmy Butler como general manager absoluto dentro de pista) trabajen en sinergia partiendo de una lectura suya de los partidos que debe rayar la excelencia.

Butler nos ha prometido el 2-2 y yo ahora, y tras todo lo dicho, me temo que mi predicción de 4-1 está más cerca de cumplirse que nunca (quizás este arranque de orgullo de Miami era el jaque necesario para espolear a su adversario y ver la versión más definitiva y arrolladora de los de Frank Vogel). Sea como fuere, y esto es lo que me gusta, ya no podremos sentarnos ante el televisor o acostarnos por la noche (a este lado del mundo) asumiendo que recibiremos la mañana con un buen café y una nueva muesca en el revolver de los Lakers.

Los Heat tienen todas las de morir. Pero han demostrado ser de los que no guardan una píldora de cinauro en el tercer molar.

(Fotografía de Kevin C. Cox/Getty Images)


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