Willy Hernangómez se agarra a la NBA


El pasado domingo 14 de febrero, durante la final de la Copa del Rey, el Real Madrid era arrollado por el F.C. Barcelona. El vendaval culé demostraba las costuras rotas de un proyecto, el merengue, que demostró algunas carencias, todavía mayores por el atroz ritmo de lesiones que ha asolado a los de Laso en los últimos tiempos.  

Mientras que el Barcelona hacía daño en todos los puntos del parqué y el Madrid trataba de defenderse por dentro casi exclusivamente con el vuelo alto de Walter Tavares, no fueron pocos los que se acordaron de Willy Hernagómez, que cogió el rumbo a la NBA en 2016 tras su paso por la Casa Blanca y cuyo nombre, no pocas veces, con diferentes niveles de veracidad, ha sido asociado al Real Madrid. 

En ‘El Informe Pelícano’, el maravilloso libro de John Grisham cuya buena parte de la trama se desarrolla en New Orleans, la protagonista Darby Shaw asegura, en un momento de extrema complicación para sus intereses vitales, que quizá era demasiado optimista por querer celebrar su 25º cumpleaños y muy exigente por querer llegar a la treintena. Para ella, cada día era un día más, quizá el último.

Para Willy, por momentos su estancia en la NBA y en NOLA se ha convertido en algo parecido, una especie de supervivencia deportiva, un día a día, un aquí y ahora que ha empezado a pintar mejor en este mes de febrero.

Cerraban enero los Pelicans con un cierto aire de descontento en su seno, como si el proyecto no terminara de fluir. Willy, quien cumplirá este mes de mayo 27 años, no es que no fluyera, es que no le dejaban ni intentarlo. El pívot había recalado en NOLA en el mercado de agentes libres el pasado mes de noviembre con un contrato de un año y por el mínimo de veterano, que en su caso y atendiendo a su experiencia, habla de 1,72 millones de dólares. 

Número 35 del Draft de 2015 por los 76ers pero enviado directamente a los Knicks, debutó con New York en la temporada 2016-2017, la de su estreno en la NBA. Prometía la vida, con datos como formar parte del Quinteto Ideal de Novatos o el de ser Rookie del Mes, en abril de 2017. Más allá de que aquellos Knicks fueran un desastre, al pívot le funcionaban las cosas. Sus números de ese curso siguen siendo los mejores de su trayectoria en la competición: 72 partidos — 21 de ellos de titular — para una media de 18,4 minutos, 8,2 puntos, 7,0 rebotes y 11 dobles-dobles.

Y sin embargo en el mercado invernal de inicios de 2018, Willy, previa petición suya de traspaso por su pérdida de presencia en los Knicks, era enviado a los Hornets. Con la llegada, transcurridos los meses, de James Borrego al banquillo de Charlotte se pudo pensar que la suerte de Willy quizá cambiaría, como parte de esa reconstrucción-consolidación que en la franquicia de Michael Jordan nunca terminaba de llegar. Lo cierto es que ni todo eso ocurrió, pero tampoco dejó de ocurrir. Charlotte no llegó a definir su rumbo en la 2018-2019, aunque peleó hasta la última bala por entrar en los playoffs. Willy, por su lado, hizo números decentes como jugador de rotación, pero no fue capaz de adelantar ni a Bismack Biyombo ni a Cody Zeller. 

Incluso así, los Hornets le garantizaban todo el salario para la 2019-20 (1,67 millones de dólares, luego deducida alguna cantidad por la crisis del coronavirus). El 7 de marzo de 2020, al borde el universo del caos por la pandemia, Willy jugaba su último duelo con los Hornets. Cerraba su etapa allí con 114 partidos, pero sólo 4 de titular, y 6,7 puntos y 5,1 rebotes en 13,1 minutos por velada. Su impacto en la NBA parecía haber decaído. Sin Charlotte en la burbuja de Orlando, el tiempo de inactividad del center iba a ser muy prolongado. Tardaría casi un año en jugar minutos de calidad, de los de verdad, de los que suman.

NOLA, dólar a dólar

El 22 de noviembre de 2020 New Orleans anunciaba el fichaje de Willy Hernangómez. Los 1,72 millones de dólares que corresponden de salario mínimo a un jugador con cuatro cursos de experiencia tenían matices. En la letra pequeña del acuerdo, un dato que venía a demostrar que la presencia de Willy en el roster de NOLA iba a convertirse en una pelea diaria. Si en la NBA cada día lo es, más todavía si tu contrato no es completamente garantizado. Porque lo que firmó Willy arrojaba una cifra de 700.000 dólares completamente asegurados. El resto, el millón de dólares de diferencia, será totalmente garantizado el 27 de febrero.

Así las cosas, durante algunas semanas, las que fueron desde el inicio de la competición oficial hasta el 1 de febrero, pensar en un despido del jugador o que se viera incluido en un traspaso —llegaron a sonar los Warriors como destino— no era algo descabellado. 

Giro del guion ante Sacramento

Hasta la cita del 1 de febrero de 2021, Willy había celebrado con los Pelicans 3 partidos oficiales, 12 míseros minutos, todos de la basura, y números de 0,4 puntos y 0,6 rebotes. No, este no era el camino para permanecer en la NBA. No obstante, él, tozudo en su deseo de hacer carrera al otro lado del Atlántico, afirmaba que tenía que estar listo para cuando llegara la ocasión. En la NBA suele aparecer ese momento, tarde o temprano. Quizá sólo sea una vez, pero si lo aprovechas, si te vales del contexto, quizá puedes influir en que las cosas cambien. Preocuparte de lo que tú puedas controlar, se dice.

El 1 de febrero de 2021, ante los Kings, Steven Adams, intocable en el quinteto inicial, causaba baja por lesión. Willy no iba a suplirlo de inicio, sino que lo haría el joven Jaxson Hayes, pero seguramente fuera a tener minutos de calidad. Dispuso de ellos, por primera vez desde marzo de 2020. Un año sin jugar en los momentos importantes. NOLA perdió aquella noche, pero Willy ganó un tiempo más en la NBA. Firmó 13 puntos y 11 rebotes en casi media hora sobre la pista. Y lo que fue más importante, y lo veríamos inmediatamente, iba a adelantar en la rotación a Hayes. De partir al comienzo de la 2020-21 como quinto jugador interior, con los intocables Zion Williamson y Steven Adams por delante, pero también superado por el propio Hayes y por Nicolo Melli, Hernangómez pasaba a ser la primera alternativa en la rotación de hombres grandes. 

Desde ese día ante Sacramento, ha jugado siempre y ha saltado de la tercera unidad a la segunda unidad, segunda espada, rotación de calidad, tres dobles-dobles y medias muy interesantes hasta la derrota de este 17 de febrero ante los Blazers, donde él dejó 11 tantos y 17 capturas, su récord profesional de rebotes en la NBA. 

Así, en estos quince días Willy suma 10 partidos, 20,8 minutos, 8,3 puntos, 7,6 rebotes, 3 dobles-dobles y, lo que es más subrayable, un 53,2 por ciento en tiros de campo, quizá con el lunar, no muy grande, de los triples: 1/5. No es su campo el perímetro, pero ya saben que un interior que tire triples y anote alguno sube su cotización.

El 27 de febrero, si nada cambia de manera tormentosa, y nunca descarten esto en la NBA, Willy verá su contrato totalmente garantizado. Esos 1,72 millones, toda la cantidad, será para él. Stan Van Gundy parece contento con su rendimiento, incluso en defensa, el gran déficit que adosan a la carrera NBA de Willy. 

“He tenido malos momentos en los que quieres jugar. Esta temporada va a ser así. Intento ser mejor jugador y ayudar al equipo, juegue o no, en los entrenamientos y partidos. Trato de poner energía y de disfrutar con mis compañeros”, aseguraba hace unos días a NBA.com.

La cabezonería de Willy por seguir en la NBA le mantiene vivo en la mejor liga del mundo. Aquí y ahora, el madrileño tiene hueco en los Pelicans. Le ha costado. Y le costará. Es una cuestión de supervivencia diaria, como Darby Shaw, los dos en New Orleans. Willy se agarra a la NBA. El amarre es firme. Hoy.

(Fotografía de Jonathan Bachman/Getty Images)


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