Sterling Brown, Vince Carter, Jrue Holiday… Cuando ser negro pesa más que jugar en la NBA


¿Por qué —narices— se manifiestan los jugadores de la NBA si son millonarios? ¿No quieren jugar porque se han acomodado y son unos señoritos? ¿Han extraviado el prisma de la realidad en la que viven? ¿Qué pretenden conseguir? O, mejor todavía, ¿qué quieren que haga la NBA en todo esto si ya les han dado lo que han querido para la burbuja?

Miles de reproches posibles ante la situación de los dos últimos días. Y una única respuesta: visibilidad.

Ni más ni menos. Los jugadores de la NBA, que el pasado miércoles montaron un parón histórico con tembleque incluido a los playoffs, desean aprovechar su privilegiada atalaya social para ser escuchados. Para tratar de reducir —idealmente erradicar— un virus que viene mutando en Estados Unidos desde hace siglos —en muy diversas cepas— hasta la actualidad.

El propio LeBron James denunció una terrible efeméride el pasado 26 de agosto: este día en 1876, 16 hombres negros fueron raptados de la cárcel del condado de Gibson, en Trenton (Tennessee), y linchados por unos 400 hombres blancos encapuchados.


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