Toronto Raptors, a vueltas con lo que quieren ser

El mejor bienio de la historia de Toronto ha terminado de una forma un poco agridulce. La derrota en las semifinales del Este ante los Cavaliers, que barrieron a los canadienses por un clarísimo 4-0, dejó un poso de amargura en los , que tocaron el cielo de la NBA en 2016, cuando accedían por primera a las Finales de Conferencia. Ese hito, que se saldó con un dignísimo 4-2 frente a los propios Cavs, revalorizó la figura de la franquicia dentro de la competición. Y quizá también ese hito haga de menos estas semifinales del Este 2017, pero lo cierto es que los sólo han llegado hasta ahí en tres de sus nueve apariciones en los playoffs. Lo lograron en 2011, en el glorioso 2016 y ahora en 2017. ¿Suficiente? Como todo, depende de por dónde se mire.

Continuidad, giro a medias o cambio radical

Para muchos sectores críticos, el proyecto ha tocado su techo de la manera en que está concebido y es momento de darle una vuelta de tuerca total. Quienes sostienen esta hipótesis argumentan que la actual plantilla no va a ser más competitiva y que si quieren mirar a la cara a los Cavaliers, el ogro hoy día del Este, han de hacerse cambios.

La situación de los jugadores de los Raptors puede remar en favor de esta corriente, en tanto en cuanto la mayoría de sus hombres fuertes acaban contrato o, como es el caso de Kyle Lowry, optan por salirse de él. es la única estrella que parece que permanecerá largo tiempo en Ontario. Su contrato expira en 2021, aunque a partir de julio de 2020 puede ejercer la opción para saltarse el acuerdo.

Y ese es el camino que ya ha elegido Lowry, con 12 millones pactados para la 2017/18. Ejecutará la player option y saldrá al mercado en busca de un contrato más valioso. Aquí entra en juego el primer dilema de los Raptors, que se moverán entre ofrecer todo lo posible a su jugador franquicia, esto es, unos 200 millones de dólares por cinco temporadas, o bien lo dejarán marchar y no pelearán por él, atendiendo a la edad del base (31 años) y a los deseos del propio jugador de optar a un anillo, algo que en los Raptors de hoy es muy complicado.

Jonas Valanciunas y DeMarre Carroll también guardan contratos relativamente largos, con un mínimo de dos temporadas más en Toronto, por lo estas sus piezas no parecen ser objeto de debate, a priori. Pero más allá de esta pareja de jugadores y de DeRozan, el resto de nombres con un rol importante en los Raptors afronta la agencia libre el 1 de julio. , P.J. Tucker o Patrick Patterson son una incógnita, si bien este último ya ha mostrado su deseo de seguir. Además, está el caso de Corey Joseph y sus 7,6 millones de cara a la 2017/18, que algunos analistas han indicado como posible moneda de cambio en traspasos.

En los posos del mal café que ha dejado el 4-0 ante los Cavaliers, la continuidad del proyecto y del grueso de la plantilla se antoja complicada. Principalmente porque retener a Lowry será muy complicado. Para ello no sólo se tiene que extender un cheque que hipoteca en cierta manera la masa salarial, sino que hay que rodear al base de componentes que garanticen una competitividad mayor, en busca de ese sueño de pelear por el anillo que Lowry ya ha manifestado. Los Raptors ya soportan una nómina de 27,7 millones de dólares anuales a DeRozan. Y lo harán, mínimo, hasta 2020, por lo que otros 40 al año por Lowry dejaría muy estrecho margen para el resto de salarios, aunque aumente el tope salarial, ya que hay que añadir las fichas de Valanciunas y de Carroll.

DeRozan, al mando

La solución intermedia de los Raptors podría estar orientada en dejar a DeRozan como capitán general, bien sustentado por los Valanciunas, Carroll e Ibaka, para el que entonces sí tendrían más margen económico a la hora de afrontar su renovación. Otro asunto es que en Toronto les merezca la pena destinar 20 millones de dólares por curso para un jugador que nunca ha sido All-Star pero que, a su favor, afronta la madurez de su carrera deportiva. Con Ibaka, los Raptors deben decidir si ahora y para un largo tiempo juntos, o nunca.

El giro radical supondría olvidarse de todo lo que no vaya más allá de DeRozan, o incluso también incluirle a él en el paquete de la reconstrucción y empezar a edificar algo diferente, joven, con tipos como Pascal Siakam (MVP de las Finales de la D-League) Norman Powell, Jakob Poeltl o Delon Wright. Sería un volver a empezar orientado en el futuro a medio plazo, en una buena posición de Draft, pero quizá demasiado duro para una afición que ha visto cosas que no veía en lustros.

Casey, también en entredicho

Ni siquiera Dwane Casey es un fijo en el Air Canada Centre. Se reconoce su labor, pero ha adolecido de cierta capacidad para gestionar los encuentros cuando de verdad había cosas en juego. Puede que sean injustas las críticas a un técnico que ha llevado a lo más alto de siempre a los Raptors, pero a ojos de ciertos sectores de la prensa de Toronto, su concepción del juego y sus sistemas muestran un cierto tono obsoleto con el que no se podría avanzar mucho más en el Este. Menos todavía con estos Cavaliers siempre en el camino.

Continuidad, siempre en manos de lo que se pueda ofrecer, si se ofrece, a Lowry; retoques, con DeRozan como líder; o reconstrucción, con o sin Casey, que no es fijo en ninguna de las quinielas. Verano interesante en Canadá.

Ujiri: “Nuestro objetivo es ganar la NBA”

El presidente de los Raptors, por su parte, aseguró que el fin último de la franquicia es “ganar el título de la NBA. Queremos ganar aquí y vamos a descrifrar la forma de conseguirlo. Para Masai Ujiri, eso pasa por cambiar “el estilo de juego”. El dirigente cree que lograr los playoffs es ya algo insuficiente y que deben ponerse miras más altas.

Para ello, una de las bases sería retener a Lowry. “Le queremos de vuelta. Es nuestro trabajo intentarlo y renovarlo”. Eso sí, Ujiri se cubrió ante las posibilidades que le puede deparar el futuro a él y a la que ha sido su estrella en los últimos cursos. Y quiso ser cauto. “Sería un mal líder si afirmara que vamos a traer de vuelta a Kyle o si dijera que no lo vamos a conseguir”.


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