La llave maestra de los nuevos Sixers

En una temporada en la que Philly acabe siendo un éxito, Tyrese Maxey está destinado a ser clave de forma distinta a su último curso.

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Por David Sánchez

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Lejos de las ventajas financieras y mediáticas que lleva consigo LeBron James a Philly, los 76ers van a ser más un problema a resolver que una maquinaria que simplemente echar a andar. Adherir una suma de talento bruto como lo ha hecho Mike Gansey esta off-season camina a contracorriente de la idea que solemos tener en torno a la construcción de plantillas. 

El caso es que eran movimientos que no pensar demasiado. Sobre todo en comparación con las proyecciones (reales y mentales) que tenía esta misma franquicia hace cosa de un simple año. Si puedes intercambiar a un Paul George en decadencia (aunque tras una temporada positiva en su contexto) por un 2nd Team All-NBA que cobra ‘tan solo’ 3 millones más y tiene 6 años menos, lo haces. Si puedes meter dentro de tu estadio a una máquina mercadotécnica a precio de mínimo de veterano, lo haces. Porque por el camino, las cuentas están más saneadas que hace 12 meses a pesar de que el techo de gasto sea mayor.

Estos movimientos, por supuesto, vienen con contraindicaciones. Y no precisamente menores. La mayor de ellas es la salud, centralizada en los casos de James y Joel Embiid. Estos nuevos Sixers pueden acabar siendo un fracaso incluso si les respeta la salud. El problema está en que quizás ni siquiera tengan la oportunidad de ser un fracaso en cancha por lo que dicte la enfermería.

‘Sacrificando’ a un aspirante a MVP

Ya hay voces autorizadas en la prensa estadounidense pidiendo que los dos únicos MVP del equipo se reserven hasta prácticamente abril. Una idea más de videojuego que de la vida real, donde hacer funcionar un transatlántico como este necesita de meses desarrollando sinergias, patrones y química interna (con la espada de doble filo que es acabarlas desarrollando en negativo dentro de un vestuario lleno de egos).

Entronca el primer problema con el segundo, el que necesita de las mencionadas reps para ser resuelto. Y es que, tomando cifras del pasado curso, el quinteto inicial que formarían Tyrese Maxey, VJ Edgecombe, Jaylen Brown, Joel Embiid y LeBron James; suma un total de 147% de porcentaje de uso. Una cifra evidentemente irreplicable.

De nuevo, se le da demasiada importancia a la idea de quinteto estrella, ya que durante el grueso de un encuentro y, por extensión, la temporada regular, lo relevante es encontrar la rotación que maximice el rendimiento individual y colectivo de sus piezas. Aun así, es imperante que esos cinco funcionen de manera eficiente como unidad pensando en cierres de partido y momentos críticos de postemporada.

¿Un modelo imposible?

La última vez que se intentó formar un súper equipo sumando talento de forma bruta fue un completo fiasco. Juntar a Kevin Durant, Devin Booker y Kevin Durant en Phoenix suponía devorar un  87,8% de uso ofensivo. Desestimando por el camino la figura que, en primera instancia, había llevado a los Suns al primer escalón de la liga: un creador de juego. La falta de atletismo defensivo y versatilidad desde el puesto de pívot hicieron el resto para perpetrar la debacle.

Los Sixers son una plantilla más completa de lo que se está analizando. Dominic Barlow, Dean Wade y el recién llegado Kentavious Caldwell-Pope (una vez se demuestre que puede seguir siendo potable en la NBA) son piezas indispensables para encontrar el equilibrio defensivo. Adem Bona es un interior al que quizás le falten cosas para ser la referencia en la pintura cuando no esté Embiid (no sumó ni una rotación positiva en sus 11 partidos como titular el curso pasado), pero cuyo dinamismo y energía casan a la perfección con lo que piden quintetos con Maxey, Edgecombe y/o LeBron y al que todavía debería quedarle un salto importante en su desarrollo.

Ahora, si existe la posibilidad de hacer encaje de bolillos, esta recae mayormente en la figura de Tyrese Maxey. El base viene de una temporada jugando largos tramos a nivel de aspirante al MVP. Es uno de los mejores tiradores en movimiento de toda la liga, un ciclón a cancha abierta y un penetrador con mil recursos en bote y finalización.

Tyrese Maxey, un base diferente

La ausencia de Joel Embiid durante la mayoría de la temporada le ha empujado a ser el décimo jugador de la liga en volumen de aclarado y pick-and-roll. Lo cual empuja sus fantásticos números ofensivos: 28,3 puntos y 6,6 asistencias (cometiendo muy pocas pérdidas). Maxey ha crecido muchísimo como creador desde el bote una vez James Harden salió del equipo en el verano de 2024 y se encuentra ahora en el momento de discernir si puede acabar siendo Top 3 bases de la NBA sin tener las capacidades creativas de Luka Doncic o Cade Cunningham, pero sí un acercamiento similar al control ofensivo que ejercen Shai Gilgeous-Alexander y Jalen Brunson.

Lo que ignora esa visión es que Maxey es, de todos los manejadores de élite, el de virtudes más cercanas a Stephen Curry. Mientras todos los mencionados estresan a la defensa rival desde el balón, la principal vía de presión que ejerce Maxey es a través de su dinamismo con y sin balón. No hay manejador primario con mayor capacidad para finalizar una jugada lejos de donde la ha arrancado. Haciendo que su par tenga que defenderle durante los 24 segundos de posesión de forma activa.

Ya en la época donde compartía cancha con Embiid y Harden, Maxey se mostró como uno de los atacantes más eficientes de la liga jugando off-ball. Su producción a sistema roto (después de que otro jugador hubiese generado la primera ventaja) era absurda. Y sigue siendo esa la parcela en la que más cerca está de ser “el mejor del mundo”.

Aún habiendo tomado las riendas del ataque de los Sixers, Maxey es un jugador que no tiene problema en soltar el balón y trabajar para volver a recibirlo. Una de sus jugadas favoritas, de hecho, es ese pase desde 45º al poste que ha subido a cabecera para jugar el mano a mano y amenazar con la puerta atrás. Secuencia en la que saca partido a su brutal poder de aceleración, velocidad, cambio de ritmo y amenaza de tiro.

Sus percentiles en todas las jugadas sin balón que se computan están muy por encima de la media en su posición. Más aún en bases predominantes con la posesión en sus manos:

Maxey viene de una temporada de mucho volumen al aclarado, pero sigue siendo una parcela en la que no termina de ser eficiente (percentil 47,7) a pesar de que tenga todos los ingredientes para ello. Y no es algo en lo que la nueva composición del plantel le vaya a ayudar. 

Por eso, aunque los indicios apunten a poner a Maxey al mando de las operaciones para exprimir sus capacidades individuales, la única forma que tienen estos Sixers de alcanzar su techo colectivo es colocarle en cuantas más labores sin balón y situaciones de transición mejor. Este último punto, con James y Edgecombe como aliados, debería de servir para despejar quebraderos de cabeza que puedan aparecer a media cancha. 

Contra narcisismos

El escollo está en que hacer funcionar a Philly va a ser un trabajo tanto o más de egos que de equis y oes. Por personalidad, Maxey es el más dado a renunciar a galones. Algo que se ha visto tan recientemente como la pasada temporada, donde ha dejado que Embiid sea el alfa del equipo las pocas veces que ha estado sano.

Sin embargo, desencadenar su mejor versión como torbellino sin balón necesita que sobre todo Jaylen Brown esté dispuesto a dar el pase rápido y a jugar para él. LeBron no va a tener demasiado problema en ventilar el ataque y la química con Embiid nace sola a través del pick-and-roll. Unirlo todo al mismo tiempo es el verdadero desafío. 

Para finalizar el análisis, queda dejar claro que toda previsión que se haga corre el riesgo de caer en saco roto cuando el balón se lance el primer día de temporada. Las dinámicas de juego son unas que se crean de forma orgánica y que es difícil de discernir cuando, además, tienen tanto peso cosas tan imprevisibles como la mentalidad de cada jugador en un escenario que hasta ahora les era ajeno. Por mucho que Brown le filtre a Shams Charania que afronta este nuevo reto sin ego alguno. 

Dicho esto, lo que resulta casi impensable es imaginar un escenario positivo en el que Maxey no recupere ese rol de creador secundario en el que ya brilló ahora que va a compartir cancha con un jugador que quiere el balón como Brown, y dos que lo necesitan como James y Embiid. 

Al pequeño exterior no le importa ser tercera o cuarta espada, le vale con ser la llave que abre todas las puertas.

(Fotografía de portada de Winslow Townson-Imagn Images)

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