Gallinari: de los mayores «y si» de la NBA moderna

Fantástica entrevista en la que el italiano repasa su carrera NBA, su agridulce experiencia con las lesiones y sus quintetos de siempre

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Por Enrique Bajo

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14 temporadas en la NBA.
8 equipos.
6º en el Draft 2008.
15 puntos de promedio.
Cero veces All-Star y una vez ganador Concurso de Triples como consolación.
2 Finales de Conferencia como máxima hazaña en playoffs, ambas en las postrimerías de su carrera: unas como protagonista con los Hawks y otras, testimoniales, en los Celtics.

2 roturas graves de ligamento cruzado que rebajaron y nos privaron del auténtico techo del mejor Gallo. Talentoso italiano, atlético en su juventud y artillero inolvidable de por vida.

En una entrevista exclusiva con HoopsHype esta semana, “Il Gallo” habló sobre los estereotipos que tuvo que superar como jugador europeo, afrontar la dura salida de los Knicks a cambio de Carmelo, asistir en directo al crecimiento de Nikola Jokic o acariciar la gloria en Atlanta rompiendo las expectativas. Y cuando una entrevista es tan buena y completa, lo único que podemos hacer es transcribirla íntegramente.

Disfrutadla.

¿En qué dirías que tu experiencia como jugador internacional fue diferente de la que vive la actual generación de jóvenes extranjeros que llegan a la NBA?

Danilo Gallinari: Creo que entonces había más estereotipos sobre los jugadores europeos. No creo que los europeos que llegan hoy tengan que lidiar con esos mismos estereotipos. Esa sería la mayor diferencia.

¿Crees que esos estereotipos eran exagerados? ¿Por qué se extendieron tanto antes de que se demostrara que no tenían fundamento?

DG: No lo sé. Quizá surgieron en los viejos tiempos de la NBA, por una cuestión cultural, por la forma en que se veía desde Estados Unidos a los jugadores que llegaban de Europa. Pero no sé por qué. Probablemente era más una cuestión cultural de aquella época.

¿Te sorprendió que los aficionados de los Knicks te abuchearan en el draft? ¿Cómo afrontaste aquello siendo tan joven?

DG: No me sorprendió porque mi agente me había dicho: “Escucha, si te eligen los Knicks, te van a abuchear”. Así que pensé: “Bueno, vale, me da igual”. No era algo que me importara demasiado. Nunca me ha preocupado mucho lo que los demás dijeran de mí y sabía qué clase de jugador era. Tenía mucha confianza y lo utilizaba como motivación para demostrarles a todos que yo era el indicado. Mi agente ya me había avisado, así que sabía lo que iba a pasar.

¿Cómo influyeron la relación de tu padre con Mike D’Antoni y la presión de representar a tu país en tu adaptación a la NBA?

DG: Ellos habían jugado juntos y tenían una relación muy estrecha, así que eso sin duda me ayudó a adaptarme a la NBA. Mike hizo que la transición fuera más sencilla y me ayudó muchísimo. Me alegro de haber contado con él nada más llegar.

Mi adaptación no fue fácil porque me lesioné el primer año. Me operaron de la espalda y, cuando te eligen los Knicks, eso tampoco ayuda: hay mucha presión y yo quería demostrar desde el principio qué clase de jugador era, pero tuve que esperar hasta mi segunda temporada.

Así que fue una transición sencilla gracias a Mike, pero difícil por la lesión. Aun así, creo que lo hice bien durante mi breve etapa en Nueva York.

¿Alguna vez piensas en cómo habría sido tu carrera si te hubieras quedado en Nueva York y nunca se hubiera producido el traspaso de Carmelo Anthony?

DG: A veces lo comentamos. Pienso en ello cuando hablo de baloncesto y de mi carrera con amigos y familiares. O cuando vuelvo a Nueva York y converso con mis aficionados o con gente que sigue trabajando para los Knicks.

Pero, por desgracia, debido a las lesiones, en mi carrera hay muchísimos “qué habría pasado si…”. No sé, quizá sea el jugador con más “y si…” de la historia del baloncesto. Pero forma parte de una carrera en la NBA. Desgraciadamente, probablemente me ha pasado más que a cualquier otro deportista en lo que a lesiones se refiere, pero no le doy demasiadas vueltas.

Después del traspaso de Melo, ¿sentiste que tenías que justificar que te hubieran incluido en una operación por él? ¿Cómo afrontaste los desafíos en Denver, incluida aquella temporada de 57 victorias, el premio a George Karl como entrenador del año y su posterior salida?

DG: Sí. Cuando Masai Ujiri y el entrenador Karl hablan de aquello, me echan la culpa porque me rompí el cruzado justo antes de los playoffs. Después perdimos contra Golden State, cuando se suponía que íbamos a llegar hasta las Finales.

Si no me hubiera lesionado, la temporada habría sido diferente y quizá el camino de Karl, que fue entrenador del año, y el de Masai, que fue ejecutivo del año, también habría sido distinto. Los Nuggets habrían seguido otro rumbo. Pero ese es otro enorme “qué habría pasado si…”.

En cualquier caso, disfruté muchísimo en Denver. Fue el único equipo en el que jugué más de dos años. Estuve seis temporadas y media, así que es, sin duda, la ciudad y el equipo a los que me siento más unido. Lo pasé muy bien allí.

¿Cómo evolucionó tu juego después de la lesión de espalda y de la primera rotura del cruzado? ¿Cómo te reinventaste tras la lesión de rodilla?

DG: En ese sentido tuve suerte. Antes de todas esas lesiones tenía unas grandes condiciones físicas, pero también estaba muy dotado técnicamente. Esa técnica me ayudó a disimular un poco el desgaste que las lesiones habían provocado en mi cuerpo.

En el baloncesto puedes hacer muchísimas cosas, especialmente en ataque, para seguir siendo un jugador efectivo sin tener que saltar y machacar como LeBron James. Siempre fui ese tipo de jugador en Denver, y fue estupendo poder jugar con libertad durante todos aquellos años.

Por desgracia, probablemente nunca llegué a experimentar mi mejor versión, porque no sé hasta dónde podría haber llegado. Me operaron de la espalda en mi año de novato y después diría que mi mejor etapa fue en Denver. Pero, cuando estaba en mi mejor momento, me rompí el cruzado.

Después puedes volver y seguir siendo un gran deportista y un muy buen jugador, sí, pero no sé si llegas a alcanzar el nivel que habrías tenido sin las lesiones. En cualquier caso, disfruté muchísimo en Denver.

Cuando jugaste con Nikola Jokic en Denver, ¿intuías que se convertiría en una superestrella?

DG: Sí, sabía que iba a ser un gran jugador. No sabía que iba a ganar tres MVP, pero sí que iba a ser muy bueno. Y se veía que la franquicia quería avanzar en esa dirección.

Fue fantástico formar parte de equipos ganadores en Denver, pero también lo fue vivir una reconstrucción. Mi situación nunca cambió porque siempre era titular y el mejor jugador del equipo. Para mí no cambió nada, pero fue estupendo ver cómo se desarrollaban aquellos jóvenes.

¿Qué circunstancias te permitieron firmar algunas de tus mejores temporadas con los Clippers, pese a disputar los playoffs solo una vez?

DG: Fue otra reconstrucción. Al principio no lo era, pero durante mi primer año traspasaron a muchos jugadores y terminó convirtiéndose en eso.

Superar las expectativas siempre es una motivación. Y poder jugar con libertad, de la manera que yo quería, hizo que fuera una situación estupenda para mí.

¿Cómo reaccionaste al traspaso a Oklahoma City en la operación por Paul George? ¿Viste pronto en Shai Gilgeous-Alexander potencial de superestrella, como te había ocurrido con Jokic?

DG: Sí, con Shai también se veía que iba a ser un jugador muy, muy bueno.

Yo ya era mayor, así que no me sorprendió tanto como mi primer traspaso. Lo asumí como parte del negocio: irme a otra ciudad y jugar al baloncesto para otro equipo. No me impactó como el traspaso desde Nueva York.

¿Qué cambió con Nate McMillan para que Atlanta llegara a las finales del Este? ¿Qué hizo tan especial aquel recorrido? ¿Creías que teníais opciones reales de alcanzar las Finales de la NBA?

DG: Cuando me ficharon a mí y a un par de jugadores más, el objetivo dejó de ser la reconstrucción. Tanto el equipo como todos los demás dejaron claro que la meta era entrar en playoffs.

En mi primera temporada se podía esperar que ganáramos partidos porque ese era el objetivo, pero llevaban tantos años sin estar en playoffs que simplemente clasificarse ya habría sido un gran resultado.

Sin embargo, llegamos a las finales de conferencia en mi primer año y entonces empiezas a creer que puedes ganar el campeonato. Eso añade todavía más presión. En mi segunda temporada, después de haber llegado a las finales de conferencia, se esperaba que volviéramos a esa ronda o que alcanzáramos las Finales de la NBA.

Por desgracia, solo nos clasificamos para los playoffs y caímos en primera ronda. Pero lo del año anterior fue un recorrido increíble. Teníamos un buen equipo. Después, de cara a mi tercera temporada, decidieron cambiarlo todo… No fue una gran decisión de los Hawks, pero forma parte del negocio.

En tu opinión, ¿cuál fue la principal diferencia entre Lloyd Pierce y Nate McMillan para pasar de un equipo con dificultades a uno de los mejores ataques y a un grupo que funcionaba?

DG: Creo que nuestros roles estaban más claros. Nate dejaba muy claro quién iba a hacer cada cosa. Los jugadores de rol estuvieron magníficos y pudimos ayudar a Trae Young en esa transición. Fue estupendo.

Desde dentro, ¿aquel partido en el que Trae Young mandó a Nueva York a casa fue tan alocado como se cuenta?

DG: Trae jugó de maravilla. Creo que llegamos a los playoffs con muchísima confianza y, sobre todo, ganar el primer partido en Nueva York nos dio otro impulso. Creíamos que podíamos ganar a cualquiera.

¿Ese recorrido con Atlanta es tu recuerdo favorito de tu carrera o hay algún otro momento que recuerdes como algo extraordinario?

DG: Diría que llegar a las finales de conferencia con Atlanta fue, sin duda, un momento increíble.

¿Hubo algún momento concreto en el que sintieras de verdad que habías llegado y pensaras: “Joder, estoy en la NBA”?

DG: En mi primera temporada solo jugué 28 partidos, así que fue realmente en la segunda cuando pude disputar una temporada completa, vivir de verdad la NBA y, sobre todo, comprender el nivel de la liga y el mío propio. Mi segunda temporada fue más una bienvenida a la NBA que la primera.

Mirando atrás, ¿hay algo de lo que te arrepientas o algún momento que todavía te duela porque estuviste muy cerca de conseguir algo más grande?

DG: Creo que todo está relacionado con las lesiones. Siempre vuelvo a las dos roturas del cruzado, más que a la lesión de espalda con los Knicks.

Esas dos lesiones llegaron precisamente en las dos únicas ocasiones en las que formé parte de un equipo con opciones de ganar el campeonato: en mi tercera temporada en Denver y cuando firmé con los Celtics, que fue mi segunda oportunidad de luchar por el título.

Son dos momentos que no dependieron de una decisión mía. Me lesioné, y las lesiones no se pueden controlar demasiado. Así que serían esos dos.

¿Cuál de las dos recuperaciones del cruzado fue más difícil? ¿Y qué cuesta más al volver de una lesión así: la parte mental o la física?

DG: La segunda fue claramente más dura porque tenía 34 años en lugar de 24. A los 24, tu cuerpo responde de otra manera.

Y creo que la parte mental siempre es más difícil que la física. El cuerpo se adapta y reacciona, pero la mente a veces vuelve a ese movimiento con el que te lesionaste. Por eso diría que lo más difícil es lo mental.

¿Esperabas que los Celtics te traspasaran o confiabas en volver y aportar al equipo, especialmente teniendo en cuenta que lo considerabas un destino perfecto para ti?

DG: Sí, probablemente era el mejor destino, el encaje perfecto. Por cómo estaba construida la plantilla, por mi papel saliendo desde el banquillo, por la forma en que perdimos contra Miami aquel año… Era la situación perfecta.

Habría sido maravilloso disputar una de mis últimas temporadas con los Celtics y ganar un campeonato. Por las características del equipo, encajábamos a la perfección.

¿Te pilló desprevenido el traspaso de los Celtics?

DG: Sí, me pilló desprevenido. No me lo esperaba, pero, al mismo tiempo, como decía antes, después de tantos años en este negocio tampoco fue algo que me dejara en estado de shock.

No es fácil. También se lo dije a los Celtics: “Escuchad, yo habría hecho lo mismo en vuestro lugar. Tenéis a un jugador de 34 años que vuelve de su segunda rotura del cruzado y la oportunidad de conseguir a Kristaps Porzingis”.

Para mí era una decisión clarísima. Habría hecho lo mismo, así que lo entiendo y no hay ningún problema. De hecho, seguí entrenándome durante meses en las instalaciones de los Celtics después del traspaso. Me permitieron continuar allí la rehabilitación y me dieron todas las facilidades. Tengo una relación estupenda con Brad Stevens. Yo habría hecho exactamente lo mismo.

Mirando atrás, ¿cómo fue aquella última temporada, jugando de pívot en los Wizards y los Pistons, incorporándote a los Bucks y pasando por varios traspasos?

DG: Fue terrible. No le deseo a ningún jugador terminar su última temporada como terminé yo. No podía controlar nada de aquello. Y encima jugar de cinco, algo que nunca había hecho y que nunca haré, ni en sueños. Esa no es mi posición. Nunca había jugado ahí y nunca lo haré, como digo, ni en sueños.

Fue una situación muy difícil, tanto por mi papel en la pista como por estar en dos equipos en reconstrucción como Washington y Detroit.

Y una de las decisiones de las que más me arrepiento en mi carrera fue irme un año a Milwaukee en lugar de firmar dos con los Clippers. No sé si mucha gente lo sabe, pero tuve la oportunidad de firmar dos años con los Clippers y elegí uno con Milwaukee.

Cuando lo pienso, probablemente sea mi mayor arrepentimiento, el mayor error que cometí. Creo que todas las demás decisiones de mi carrera fueron muy buenas. Esa, tanto por el contrato como por el equipo, probablemente fue la peor.

¿Qué compañeros recuerdas con más cariño y con cuáles sigues teniendo una relación cercana?

DG: Sinceramente, con muchos. Podría darte nombres de todos los equipos en los que jugué con los que todavía hablo. La lista es larga.

Los europeos estamos bastante unidos. Pero también mantengo el contacto con gente de mis primeros años. He compartido un fin de semana del All-Star con Al Harrington, que jugó conmigo en Denver y Nueva York; también están Jamal Crawford, Blake Griffin o Giannis Antetokounmpo. Hablé con Giannis hace un par de semanas. Tengo una relación bastante cercana con muchos.

En tu opinión, ¿cómo ha evolucionado el baloncesto europeo desde que jugabas allí? ¿Qué diferencias ves ahora?

DG: Parece que hay más talento y, al mismo tiempo, más facilidades para acceder a la NBA y al baloncesto universitario estadounidense.

¿Crees que las direcciones deportivas de la NBA siguen cometiendo errores al evaluar o incorporar jugadores europeos?

DG: Sí, pasa continuamente. Hablo mucho con Tim Connelly y me dice: “Piensan que soy el mejor porque conseguí a Nikola Jokic, pero después cometo un error y, de repente, ya no soy el mejor”.

Le pasa a todo el mundo. Evaluar a un jugador, ver su potencial y predecir cómo va a ser dentro de tres, cuatro o cinco años es quizá lo más difícil de este trabajo. Siempre es complicado. A veces aciertas y otras te equivocas.

¿Qué crees que ha impedido a la selección italiana dar el siguiente paso y mantenerse a la altura de países como Alemania o Francia desde tu generación?

DG: Es una gran pregunta y es difícil dar una respuesta clara.

Cuando pienso en los clubes en los que jugué de niño, diría que antes se invertía más en la cantera. Ahora la inversión es menor y eso provoca una reacción en cadena: los entrenadores no pasan suficiente tiempo con los chicos, tienen un segundo trabajo y el baloncesto deja de ser su principal dedicación.

Mis entrenadores estaban con nosotros a todas horas. Aparte de ir al colegio, lo que hacíamos era jugar al baloncesto. Nos pasábamos el día con ello. Ahora resulta más difícil que salgan nuevos talentos del país cada año.

Y después está el hecho de que a los jugadores italianos que deberían tener minutos en la liga no se les da la oportunidad de jugar en la máxima categoría, equivocarse y desarrollarse. Ese es otro problema enorme.

¿Cómo te gustaría que se recordara tu legado como jugador?

DG: Como alguien que lo dio todo por el baloncesto, que jugó de la manera correcta y que fue un gran compañero. Y como un jugador que, ojalá, sirva de ejemplo para las nuevas generaciones.

¿A qué te dedicas ahora, después de tu carrera como jugador? ¿En qué proyectos estás trabajando y qué aspiraciones tienes?

DG: Participo en muchos proyectos. Trabajo para una empresa que organiza programas de estudios en el extranjero. Soy asesor en Morgan Stanley. Tengo una empresa de tequila, un tequila exclusivo al que solo se accede mediante membresía.

Además, soy embajador de la FIBA y de la NBA. Viajo por todo el mundo para participar en actividades y competiciones. Hago muchas cosas.

Parece que estás bastante ocupado.

DG: Y tengo tres hijos, que es mi trabajo principal.

¿Quién era para ti el mejor jugador de todos los tiempos cuando eras pequeño?

DG: Michael Jordan.

¿Por qué?

DG: Porque crecí en un entorno en el que todos éramos aficionados de MJ. Era el referente y, en mi opinión, sigue siéndolo.

¿Cuáles son tus cinco mejores jugadores de la liga actualmente?

DG: Creo que siempre empiezo por los veteranos: Stephen Curry, Kevin Durant y LeBron James. Y después pongo a Anthony Edwards y Nikola Jokic.

¿Y tu quinteto de todos los tiempos?

DG: Me quedaría con John Stockton; de escolta, MJ; de alero, LeBron James; y después Bill Russell y Jokic.

(Fotografía de portada de Isaiah J. Downing-Imagn Images)

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