Justise Winslow, ¿gran damnificado del buen momento de Memphis?


No hace tanto que Erik Spoelstra se deshacía en elogios ante él. La lesión de Goran Dragic obligaba al técnico a apostar por Justise Winslow como base titular de los Heat, abriendo un nuevo paradigma dentro del equipo y en la carrera del jugador.

Un experimento de reconversión reciente que se había extendido en la NBA. El de apostar por un hombre más alto de lo normal como base. Una posición bautizada como point-forward que recopila funciones propias del base con otras, más tangenciales, intrínsecas de los aleros.

Los resultaros no llegaron de forma regular (14-16 en los 30 partidos que disputó como base sin el esloveno) pero sí las buenas sensaciones por las nuevas vías que abría el jugador. Winslow cerró esta primera experiencia a tiempo completo con unos números de 13,1 puntos, 5,6 rebotes y 4,6 asistencias, además de un prometedor 36% de acierto en triples. El producto de la Universidad de Duke disfrutó como un niño de este rol y meses después presentaría su candidatura para hacerse con el puesto de forma definitiva. “Me encanta pasar. Me encanta hacer jugadas. Me encanta el juego sencillo y leer lo que ocurre en pista. Me encantas los retos y la responsabilidad. Se puede decir que me gusta la culpa si no ganamos. Me gusta la mentalidad de ser mariscal de campo. Me gusta mover a mis compañeros y llevar el control”, relataría en febrero de 2019.

Sin embargo, los deseos del jugador rápidamente tomarían otro matiz mucho menos cariñoso con él. Las secuelas de una lesión de espalda le pillarían de imprevisto mientras era traspasado a los Memphis Grizzlies a cambio de Andre Iguodala. Sus problemas físicos, el buen nivel exhibido por Goran Dragic y la irrupción de jóvenes como Tyler Herro o Kendrick Nunn lo convertían en totalmente prescindible. No muchos entendieron por aquel entonces la operación, pero las que le siguieron después, así como el disputar las Finales meses después, ratificarían el riesgo tomado.

Lo cierto es que en Memphis tampoco le iría mucho mejor. Más problemas físicos, principalmente en forma de lesión de cadera, y una pequeña encrucijada personal contra la NBA, lo impulsarían al lado oscuro de la competición. Su primera aparición este curso tendría que esperar hasta el 20 de febrero y unas dolencias musculares le obligarían a guardar reposo durante otras tres semanas.

Unas ausencias que le han pasado factura en tres frentes: el físico, el de su propio desarrollo como jugador y el de la química de un equipo que gira por completo sobre lo colectivo. Y aunque lo ha intentado, no ha podido erigirse como ese base suplente de garantías cuya versatilidad complemente la producción de Ja Morant.

La falta de ritmo y continuidad ha dinamitado su temporada. Su actual tasa de uso (21%) no corresponde con la producción que aporta al equipo. Su Net Rating (-7,4) es el peor del todo el equipo entre aquellos jugadores que han disputado al menos veinte partidos. Además, la incipiente amenaza en el tiro que mostró como titular en Miami se ha evaporado por completo. A más allá de tres metros del aro ha sido inoperativo: un 28% de acierto en el mid-range y un triste 12,5% en triples. En consecuencia, los Grizzlies son hasta 9,1 puntos peores por cada cien posesiones cuando Winslow está en cancha, según el portal Basketball-Reference. Ni siquiera en defensa, otra de sus virtudes, supone un impacto real: su Defensive Box Plus/Minus devuelve un neutral 0,0. No resta, pero tampoco suma.

Esta situación ha sido agravada, curiosamente, por el regreso de Jaren Jackson Jr. Si bien esta noticia no puede suponer nunca un dato negativo para Memphis, sí que se ha convertido en un desafío dentro de la química general del grupo. De hecho, la segunda unidad de los de Taylor Jenkins ocupa el Top 5 de la NBA en anotación, rebotes, asistencias, robos y tapones, lo que pone de manifiesto una vez más la importancia de lo colectivo. Así como el riesgo de añadir una nueva pieza al puzzle aunque esta sea parte importante del futuro del equipo. Como muestra, otro botón: desde el regreso de Jackson Jr. la anotación de los Grizzlies ha caído en hasta 14 puntos por cada cien posesiones cuando en abril, hasta el primer encuentro del interior, era la mejor de toda la NBA (120 puntos por cada cien posesiones).

De este modo, es inconcebible intentar readaptar un sistema a dos nuevos componentes. En el caso de Jackson Jr. se presenta como una empresa obligatoria. Es, junto a Morant, cabeza visible de la franquicia. En el de Winslow no es así. Y menos cuando los Grizzlies se hallan en plena lucha por clasificarse para los playoffs y no pueden permitirse tropiezos ni problemas estructurales.

Así, Winslow ha visto como Tyus Jones le ha superado en la rotación para asentarse como uno de los bases suplentes más fiables de toda la NBA. Y un elemento más para consolidar la química del equipo. Sin lugar en el puesto de point-guard, Jenkins ha probado a Winslow en otras posiciones de la cancha, donde su bajísimo nivel de acierto ha supuesto un handicap constante: peor EFG% (35,6%) y TS% (37,5%) de toda la plantilla. Sin un tiro fiable, un impacto defensivo insignificante y un base secundario en nómina que supera sus guarismos, poco a poco van desapareciendo los posibles escenarios sobre los que sustentar la continuidad en el equipo de Winslow.

Así, la directiva de Memphis tiene que tomar una decisión en dos frentes temporales distintos. A corto plazo, decidir si seguir incidiendo en Winslow merece el riesgo de ceder alguna que otra derrota que los perjudique en el play-in. A largo plazo, esclarecer qué hacer con el jugador este verano. Los Grizzlies podrán ejercer la team option por valor de 13 millones presente en su contrato. Con ella incluida solo tienen comprometidos 99 millones de dólares para el próximo curso, por lo que no supone ningún riesgo financiero. Sin embargo, hacerlo y que no devuelva réditos positivos amenazaría la química general y el desarrollo de otros jugadores más jóvenes y con mayor proyección futura en la franquicia.

Si realmente quieren tener en cuenta todas las variantes posibles, aceptar esta opción y dar una nueva oportunidad a Winslow se presenta como la mejor opción para todas las partes.

Con todo ello, también recae sobre la figura de Taylor Jenkins y su cuerpo técnico el trabajar en esta química y en confeccionar mejores rotaciones, sistemas y quintetos capaces de explotar las cualidades de estos jugadores.

Quizá les ha pasado, aunque en mucha menor medida, lo mismo que a Dallas: que no esperaban competir por cotas así de altas tan pronto. En consecuencia, los objetivos de la organización deben evolucionar al mismo nivel. Y si los Grizzlies deciden subirse al carro y mantener este nivel competitivo, tendrán que obrar en consecuencia directa. Aunque eso suponga no dedicar tanto tiempo y esfuerzos a jugadores que precisan de ambos para erigirse como piezas importantes y de valor dentro de un proyecto. Quizá, Winslow, tendrá que buscar un nuevo destino más pronto que tarde.

(Fotografía de portada de Justin Ford/Getty Images)


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