Trash-talk visual: el concepto de ‘técnica’ se nos va de las manos


Cogitationis poenam nemo patitur… por ahora. Porque, sinceramente, no se me ocurren muchos más niveles intermedios que separen (y eviten) el castigar a un jugador por lo que pasa por su cabeza (y no sale de ella), y el capitulo grotesco que aconteció anoche en el encuentro en que se vieron las caras Wolves y Bucks, o lo que es lo mismo, Giannis Antetokounmpo y Karl-Anthony Towns.

Y ya es una más de un colectivo, el arbitral, que está perdiendo totalmente el norte y el enfoque de aquello en lo que debe consistir un partido de baloncesto NBA, y todos esos elementos tan propios de él y que lo hacen (y lo han hecho siempre) un deporte tan vibrante.

La diversidad de raseros según el tipo de acción, se ha vuelto caótica en los últimos tiempos y no precisamente para bien. Mientras reglas tan viejas como la de los ‘pasos’ se doblegan hasta el extremo en favor del step-back (como conté ayer), el criterio se endurece hasta abrazar el radicalismo cuando de defender se trata (casi cualquier mano en defensa es falta en RS) o si el jugador, simplemente, saca algo del ser humano (ese que late, respira y siente) que lleva dentro.

Robóticos y calladitos

Pero desde la cúpula, parece, sólo quieren Kawhis. Seres carentes de vísceras y arrugas de expresión y que, como si tuviesen una toma de de tierra en la suela de las zapatillas, pudiesen desviar todas sus pasiones y emociones directas al parquet, sin verlas aflorar en ni un sólo centímetro de su cuerpo.

A todo esto debemos decir ‘que ni hablar’. Que para eso mejor dedicarnos a coleccionar cromos y Funko Pops, que es a lo que están destinados los auténticos protagonistas de este show si no frenamos la locura de hacer del concepto de unsportsmanlike conduct (conducta antideportiva) un cajón de sastre donde toda ofensa y niñería cabe.

Antetokounmpo y Towns son tremendos amigos fuera de pista (ayer mismo el griego mostró su apoyo al dominicano por la pérdida de su madre meses atrás) y necesarios competidores dentro de ella. Sin embargo, la cadena lógica neomoderna que predomina entre los árbitros impide que se complete la normal transición. Postear, porfiar, saltar, matar… y mirada baja y a defender; cualquier otra cosa puede traducirse en objeto de infracción a ojos de unos colegiados paternalistas que saltan en defensa de unos presuntos valores que, estos mismos se preguntarán, cuando han sido vulnerados.

Mousa Dagher, 30 años, es uno de los árbitros más jóvenes de la plantilla de 70 miembros que conforman la actual red de NBA referees, pero no ha tardado ni dos años en imbuirse hasta el colon de una de sus peores tendencias. No ya la de sancionar con falta técnica toda conducta/interpelación considerada excesiva de un jugador hacia sus personas, sino entre jugadores mismos y en el fragor típico del juego.

Conducta que en la 2020/21–sí, sin exagerar– se limita a ‘mirar mal’.

El trash talk se ha vuelto ventrílocuo, y ahora también ofende con la boca cerrada. Que nadie se extrañe si en un par de años se castiga a todo aquel que no ayude a levantarse del suelo al jugador del equipo rival, acuñando la discriminación por escudo y buscando el igualitarismo de camisetas. Se nos ha ido de las manos.

NBA, where unpassion happens

(Fotografía de portada de Ashley Landis-Pool/Getty Images)


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