Clifford y Jordan: dos más que no tragan con el ‘load management’

No cuela‘ o ‘Chorradas‘ serían subtítulos perfectamente válidos para este post, pues los dos protagonistas que lo erigen se encuentran en el otro extremo de la baraja. Frente a Popovich en los Spurs, y frente Kawhi Leonard, sus precavidos Raptors o sus obsesivos Clippers, el coach de Orlando Magic, , y el piloto del vuelo número 23, emergen en rebeldía, poco dispuestos a adoptar este lobo con piel de cordero. El load management, la última aportación del acondicionamiento físico naif.

Acaba de ‘acuñarse’ y algunos ya le estamos cogiendo manía. La jerga NBA, en su constante evolución, ha tomado prestado un concepto que nació a mediados del siglo pasado de la mano del ripple control, fruto de la necesidad de las empresas del sector eléctrico de equilibrar el suministro, tanto para abaratar costes como influir en el comportamiento del consumidor en ‘hora punta’.

Se les ocurrieron varias maneras de hacer esto: intervención directa mediante el uso de relés sensibles a la frecuencia, relojes de tiempo y fijación de tarifas especiales en la red. Todas ellas distintas formas de aplicar el consabido load management. Todas compartiendo un mismo fin: controlar el nivel de carga que soportaban las centrales, y tácticas específicas para responder ante los periodos de pico o mayor exigencia de los usuarios y evitar así los temidos lesiones apagones.

Kawhi Leonard es la central eléctrica. Y sus músculos, huesos, nervios y tendones, son la red clientelar que hay que mimar.

Tanto cobras, tanto juegas

“Nuestros jugadores no están acostumbrados a sentarse en un partido de back-to-back. No los sentamos por el mero hecho de hacerlo”, afirma Clifford para el The New York Daily News.

“En mi opinión, francamente, todo hay que relacionarlo con las expectativas (contractuales y de rendimiento). Cuando estaba con Michael [Jordan] en Charlotte –el anterior equipo en que ejerció como entrenador jefe–, Michael solía decirme cada año que pagamos a los jugadores para que jueguen 82 partidos. Llevo metido en esto 20 años, y jugar los 82 encuentros solía ser incluso un reto, una motivación para muchos chicos. Y eran los que luego destacaban más”.

La NBA no ha pasado por el aro (multa de 50.000 al canto) y Clifford y Jordan parece que tampoco. Por razones bien distinas, sí –unos la industria y otros el gen competidor–, pero el caso es que en este show friedmandiano –donde poderoso caballero es don dinero– ambas, afán competitivo y factoría crematística, tienen un peso crucial.

(Fotografia de Al Bello/Getty Images)


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