Se calientan los asientos de Tom Thibodeau y Scott Layden

La salida de Jimmy Butler, más que un final de culebrón puede ser tan solo la pieza del Jenga que acaba derribar a todas las demás. Porque la purga podría afectar a la pirámide jerárquica en su total verticalidad. Tras tener que renunciar a un franchise player, por incompatibilidades de toda clase, hay dos cabezas más con papeletas para rodar fuera de Minneapolis.

Según cuenta Adrian Wojnarowski para ESPN, a podría durarle muy poco el paquete por el que ha estado suspirando; o al menos ese que permitiera seguir siendo competitivos a sus T-Wolves tras el traspaso de Jimmy.

La dictablanda de Taylor

se convirtió en el accionista mayoritario de los Minnesota Timberwolves en el año 1994, tomando así el control tanto de los recursos humanos como del capital. En casi veinticinco años ha demostrado que su talento para los negocios es diametralmente opuesto al de su carisma para liderar una franquicia deportiva. Cada vez que ha delegado, le ha salido peor que mal.

Entre sus grandes logros destaca el salario en negro que pagaron a Joe Smith –lo que les costó una durísima sanción de cinco rondas del draft–, malgastar los años dorados de Kevin Garnett, siendo incapaz de rodearle de un elenco de nivel con el que pelear el anillo, o confiar en David Kahn como su general manager para presenciar uno de los mayores despropósitos a nivel de scouting que se recuerde – seleccionó a Ricky Rubio (5º) y Jonny Flynn (6º), en un Draft de 2009 en el que aún seguían disponibles Stephen Curry, DeMar DeRozan, Jrue Holiday o Jeff Teague–.

Pero Taylor, ventajas de no tener ni jefe ni auditor, ni lo van a echar ni piensa dimitir. Cuando el barco zozobra, los que se ahogan son otros. Y este bajel se hunde con una frecuencia digna de Barbarroja.

En verano, tras los primeros playoffs en catorce años pero sensaciones agridulces rozando la amargura (casi humillados en primera ronda por Houston), Taylor ya sondeó relevar tanto a su coach como a su general manager. No obstante, prefirió esperar.

Pésimo manejo del ‘caso Butler’

Su percepción sería que la salida de Butler no basta para limpiar un aire que se respira turbio en vestuario lobuno. Provocaciones, amenazas, vaciles… nada de esto fue suficiente para que Thibs apartara al escolta de la rotación, quien continuó siendo el jugador sobre el que volcar los partidos, en detrimento de sus otras dos estrellas (Towns y Wiggins, con máximos contractuales ambos), y sabiendo que sus días en Minny estaban a punto de expirar.

La gestión ha sido pésima, mire por donde se mire. El récord no acompaña (4-9), y aunque hay temporada más que de sobra para arreglar el desaguisado y assets suficientes para hacerlo (Saric y Covington son grandes adquisiciones), Taylor tiene muchas dudas de si está dispuesto a que sean Thibs y los encargados de otro nuevo resurgir.