George y el game winner de Lillard: “Fue un mal tiro”

Un mal tiro en casi cualquiera; ¿pero en Dame? Veamos

Antes de sacar la guadaña u ondear el mástil de la bandera de la mofa y la humillación a favor de corriente –pues es caer en lo fácil–, analicemos de un modo aséptico las palabras de Paul George sobre la canasta del momento.

“Fue un mal, mal lanzamiento. No me importa lo que diga la gente. Fue un mal tiro. Pero ¡ey!, lo metió. Por lo que esta historia no será contada como la de un mal lanzamiento. Viviremos con ello”.

Y sí. , de atenernos exclusivamente a la lógica holística y estratégica, tiene toda la razón. El tiro de Dame fue malo. No la ejecución, desde luego, pero sí la selección.

Cuando los entrenadores buscan diseñar, en los tiempos muertos, la mejor jugada para encestar, no suelen decir: “Eh tú, el base. Sí. Duerme el balón durante catorce segundos, espera a que el mejor defensor del equipo rival te encime, y luego, cuando esté a punto de expirar la posesión, juégate un tiraco desde diez metros…”

La jugada, paso-a-paso

De acuerdo. Turno de . Leemos su versión. “No quería dejarlo en manos de los árbitros –donde podía haber un contacto con el riesgo de que no se pitara, y conmigo teniendo que hacer un tiro más difícil (porque habría contacto) y ellos [los árbitros] no atreviéndose a pronunciarse sobre una acción tan decisiva–. Estaba ahí con la seguridad de lanzar ese último tiro. Él [George] estaba algo alejado de mí, y yo veía que tenía el espacio suficiente para elevarme y lanzar para ganar. Pero entonces en el último segundo el avanzó hacia mí, así que hice un pound-dribble (bote bajo) y un side-step antes de saltar. Suficiente para que el balón volase limpio y muy alto”.

Voló… cayó… y chof. El chof más espectacular que nos han regalado los playoffs en años y años. Y el paradigma definitivo de que Dame es time, y que el time, el buzz y el clutch es Dame.

Los fríos datos

Tras el sentir subjetivo de los protagonistas, vamos a tratar de equilibrar con un ligero aderezo de analytics. Para ver cuánto fueron entrañas, corazón y killer instinct y cuánto técnica y cabeza en el bueno de Dame.

Nos dirigimos al cuadro estadístico de la temporada regular, para comprobar qué número de veces y con cuánta eficacia había realizado Lillard últimamente este tipo de lanzamientos.

Ante OKC lo ha hecho casi a la altura del vértice del logo. Es decir, una barbaridad de lejos (media pista equivale a 14 metros). Los medios americanos ya lo han medido y tenemos distancia: 37 pies; o lo que es lo mismo, 11 metros y casi 30 centímetros. Lejos incluso para Lillard, un jugador al que la línea de 7,25 se le queda realmente corta.

Aunque, de hecho, en RS, del segmento que mide los tiros percutidos entre los 35 y los 39 pies, sólo data un intento. Y lo falló. Pero si nos vamos al baremo más cercano, es decir al segmento inmediatamente anterior, el que va de los 30 a los 34 (de los 9 a los 10,3 metros) –una referencia también muy válida–, ahí Lillard sí se desmelenó: 46 tiros este curso, de los que encestó 16. Un más que decente 34,8%.

Pero si nos vamos a la postseason… ojo.

¡4 de 4 en tiros de más de nueve metros! (sin contar aún, obviamente, el
Guillermo Tell de anoche). Un pura sangre en bendito estado de gracia y con la confianza –un intangible vital– por las nubes.

‘Dame time’ 2018/19

Y no solo ahora. Esto, la presión como escenario fetiche, a Lillard le viene de fábrica. Como rescata SB Nation, el playmaker de los Blazers en sus séptima temporada al frente, ha protagonizado 114 tiros de la índole game-on-the-line (tres puntos abajo o menos en el último minuto), de los que ha enchufado 44. O lo que es igual, un 38,4%.

Sólo superado este curso por Kyrie Irving (36 de 83; 43,3%) y Chris Paul (47 de 119; 39,5%), y muy por encima de, entre otros, Stephen Curry (27 de 76; 35,5%), Russell Westbrook (51 de 182; 31,8%) o Kemba Walker (38 de 123; 30,8%).

En todo caso, datos y porcentajes a un lado, a menudo solo basta un ejemplo, uno sólo, para explicar algo ante lo que flaquean las palabras. Un bracket winner en playoffs de 2014 que vale más que mil (y diez mil) palabras.

Puede que, después de todo, George… no fuese un ‘tan mal, mal tiro’.

(Fotografía de portada de Steve Dykes/Getty Images)  


EXTRA NBAMANIACS

Suscríbete a nuestra lista de correo y consigue acceso a contenido adicional sobre la NBA además de apoyar nuestra labor de forma directa.

Aquí te contamos más. ¡Únete!

Anterior

El comportamiento de Westbrook y el ejecutivo en la sombra

Oklahoma o cómo no ganar una ronda de playoffs desde que se fue Kevin Durant

Siguiente