¿Vuelta de tuerca en LaMarcus Aldridge con vistas a playoffs?

El triple manda, Aldridge sucumbe y San Antonio gana

Del dicho al hecho hay un trecho. En el caso de , han sido casi seis meses los que ha tardado, no ya en cubrir el trecho, sino en empezarlo a recorrer. Caminante hace camino; y aunque sobre la bocina, el ala-pívot llega muy a tiempo. Todo un mes por delante para hacerlo (y hacerse) rodar.

Hablamos de un LaMarcus Aldridge tirador de carácter multidimensional. No el del mid-range a secas (ese crack lo conocemos demasiado bien), si no el del siguiente nivel y del cual nos vendió el tráiler el pasado otoño.

“No es que vaya a enamorarme de ello; soy un jugador de poste y de mid-range. Así es como logro hacer mejor a mi equipo. Pero así abriré más la pista y conseguiré ayudar a DeMar DeRozan a tener más espacio”.

LaMarcus Aldridge – 30/9/2018

Promesa demorada

Por aquel entonces titulamos que, como tantos otros antes que él y sucumbiendo a la irresistible corriente, Aldridge también supo entender de modas y se apuntó a la del triple. Al menos sobre el papel…

Pero los datos hablan de papel mojado.

0,6 intentos desde 7,25 en octubre; 0,3 en noviembre; 0,3 en diciembre; 0,3 en enero; 0,7 en febrero y (oh la là!) 1,2 en los cinco encuentros que lleva disputados en el mes de marzo. Puede tratarse del principio de algo. Del primer gateo inseguro de un tímido objetivo por cumplir. Hacer de los un equipo mejor, más armado y menos predecible.

Un LaMarcus tan espectacular como siempre que ahora, cuando la situación lo requiere, también es capaz de ensanchar la pista.

Nos hacemos eco del análisis realizado en Pounding The Rock, donde también se han percatado de este conato evolutivo. Fue en su encuentro del domingo día 10, ante los Milwaukee Bucks. Si bien el aficionado más observador, algo podía ya intuir tras esa heterodoxa asociación en el partido previo (frente a Atlanta) con Bryn Forbes…

Libre de marca

Falló el primero, pero la jugada destilaba toda la intención. El quedarse clavado en la frontal del arco en el primer ataque de la noche, no había sido casual.

Derrick White es de esos bases (tipo Steve Nash, Jeremy Lin o Chris Paul entre otros), con una gran habilidad a la hora de penetrar la pintura resguardado en un bote bajo, controlado, al tiempo que mantiene a su rival impotente a la espalda, mientras medita cual es la mejor decisión a tomar.

Verse rodeado de rivales más altos que él no es óbice para analizar su entorno y encontrar el pase correcto. Aquí, el pase correcto era una situación con apenas precedentes. Un Aldrige abierto en retaguardia; solitario y flotado de antemano por no suponer una amenaza rival. Pero el forward recibió el balón y no se lo pensó. Nada de dar dos pasos al frente en busca de su tirito. Sin dudar, de tres. Hierro. Lo más difícil, arrancar, ya estaba hecho.

Un salto ‘natural’

Si lo pensamos, no es más que su clásico pick and pop de toda la vida, solo que un par de metros más alejado de lo habitual. Adaptación cargada de técnica y matices pero ante la que la clase de Aldridge no se va a intimidar. Un elástico toque de muñeca. Nada menos y nada más.

En la siguiente jugada vemos el ejemplo contrario. Lo que pudo ser y no fue. No es sencillo eludir los instintos; una fuerte rutina con trece años de arraigo.

Aldridge recibe nuevamente abierto, y Brook López, consciente de que lo de cinco minutos antes había sido una rareza, no se molesta en salir a puntear… y acierta. Aldridge da los dos pasitos, y, con López ya encimando, yerra el fade away. La jugada, de nuevo, pedía el triple.

Y no fue hasta metidos de lleno en el tercer cuarto, cuando nuestro hombre intentó su segundo y último triple de la noche. Para un 50%. Uno de dos. Vísteme despacio.

No se trata de un triple más. No es un Dwight Howard en Houston probando suerte en el garbage time. Es el comienzo de una narrativa.

La narrativa que nos dice que Jacob Poeltl y Aldridge pueden jugar juntos, porque por fin hay uno de los dos que es capaz de alejarse del tablero sin perder su condición de amenaza.

Tener a Aldridge abierto despeja la zona y permite que DeMar DeRozan ponga en marcha su mejor don: el aclarado en mismatch; y de repente, sus opciones se duplican.

A la finalización por cuenta propia, se añade una línea de pase a la esquina donde aguarda el otro jugador franquicia, dispuesto a percutir. Mientras centers como Brook López no asimilen el principio de no-flotabilidad, este borrador en formato contemporáneo, el nuevo Aldridge del mes de marzo, volverá a lanzar.

Su puntería es top-3 en mid-range de esta Liga. Si no le ponen en apuros, (y Brook López debería saberlo mejor que nadie, pues su año es el reflejo paradigmático de todo esto) Aldridge tirará y tirará, sin escatimar en chofs.

Popovich no deja nada al azar

La muestra aún es demasiado pequeña (de 0,6 intentos de triple por cada 100 posesiones antes del All-Star, a 1,2 desde entonces), pero con Pops presidiendo el banquillo, pensar que esto no es un cúmulo de lances fortuitos y encadenados, es no conocer en nada a Pops.

El coach de San Antonio aborrece tanto el triple cómo es consciente de que en la NBA del hoy, no se puede vivir (ni ganar) sin él. Ha perdido a Pau Gasol; su único big man que cumplía con ese rol de triplista hasta ahora. Aldrige, de manera inteligente y como recurso puntual, muta para cubrir ese spot.

Un step back programado cargado de intención. O como dice un @CharlieOCharles armstrongiano, ‘un pequeño paso atrás para Aldridge, un gran salto en ataque para los Spurs’.

(Fotografía de portada de Ronald Martinez/Getty Images)