Utah Jazz y L.A. Clippers: ¿Alguien da más?


Una rampa impulsora obviada, un derrape mal dado, una curva no del todo bien tomada, una piel de plátano que no fuimos lo bastante rápidos de esquivar… y dos segundos después el árbol genealógico al completo del Mario Kart te echaba el humo en la cara.

En un abrir y cerrar de ojos habías pasado de liderar la carrera a ejercer de coche escoba. De ensuciar la carretera con cáscaras de fruta a tener a tu alcance todo el arsenal que las hileras de cajas ponen a tu servicio para ayudarte a salir del funesto farolillo. El Oeste de la NBA, bebe de esta idea.

Rodar durante vueltas y más vueltas a ritmo de fast lap de poco sirve si los de detrás no aflojan el ritmo. Cualquier resbalón implica automáticamente descender posiciones.

Que se lo digan a Spurs. Que se lo digan Nuggets. Que se lo digan a Clippers.

Que se lo graben a fuego los Jazz.

Imparables

Utah Jazz ha vencido 19 de sus últimos 21 encuentros. Y por fin ahora, y solo ahora, duermen en peanas de playoffs. Poco que agradecer tienen en este aspecto a conjuntos como Pelicans, Timberwolves o Clippers. Estos últimos, que parecían afrontar un conato de tanking con el traspaso de Blake Griffin a Detroit Pistons, difícilmente pueden hacerlo mejor.

Ni Griffin por finiquito, ni Avery Bradley por lesión ni Danilo Gallinari y Patrick Beverley por ídem de ídem. Y estos Clippers ni se inmutan. Ellos, haciendo magia en la pintura con Tobias Harris y DeAndre Jordan y con Lou Williams cada día más cerca de su galardón de Sexto Hombre del Año, se aferran a los playoffs como el analfabetismo a Telecinco.

Que correlación no implique causalidad, no evita que fijemos nuestra atención en un hecho cuando menos curioso. Blake Griffin fue traspasado en las últimas bocanadas del mercado invernal. Concretamente el 30 de enero. Stan Van Gundy clamaba por un golpe de efecto que cambiara su frágil dinámica y así fue. Con Blake llegaron las victorias. Cinco consecutivas nada menos. Desde entonces, caen y caen por un precipicio en el que no se divisa el final.

  • Diecinueve encuentros en Detroit con Griffin: 8 victorias y 11 derrotas.
  • Dieciséis partidos en L.A. Clippers sin Griffin: 12 victorias y 4 derrotas.

La última ayer ante los Chicago Bulls, sumergidos estos en pleno Tankathon y haciéndolo de maravilla para sus nobles propósitos. 112-106 en un choque que brilló sobremanera DeAndre Jordan, con 29 puntos, 18 rebotes, 5 asistencias y 2 tapones, y estuvo bien acompañado por los 26 tantos de Lou Williams y los 18 de Tobias Harris.

Pero por delante, tras este caramelo, siete partidos consecutivos de la más alta exigencia.

Ningún T.T (Tankathon Team) de por medio: @Houston, @OKC, vs Blazers, @T-Wolves, @Bucks, @Pacers y @Raptors.

Detroit, ¿nuevo miembro del Tankathon?

Por su parte, Utah Jazz sigue a lo suyo. 19 triunfos de los últimos 21 posibles, decíamos, y sin embargo solo son octavos por delante de los Spurs, novenos, con idéntico récord y beneficiados únicamente por su balance favorable en duelos directos.

Aún queda mucho trecho por recorrer, pero anoche dieron un pasito más ante, precisamente, los Pistons de Blake Griffin; un conjunto ya desahuciado, que ve como la revolución se ha quedado en barricadas y vandalismo graffitero. A seis partidos de los Heat, y alejándose de la octava plaza del Este.

Triunfo claro de las huestes de Quin Snyder por 110 a 79, con la crisis afectando ya incluso a sendas estrellas de la Motown. Drummond y Griffin fueron los únicos titulares de los Pistons en dobles figuras, sí, pero con tan solo 13 puntos cada uno, siendo Luke Kennard desde el banquillo, con 18 tantos, su máximo anotador.

Por los Jazz funcionaron como siempre los titulares, todos por encima de los diez puntos a excepción de Ricky Rubio —desacertado anoche en el lanzamiento pero fino en la dirección, en su encuentro inmediato a su exhibición de 30 puntos— y donde la segunda línea ofensiva corrió a cargo de Jae Crawder y Jonas Jerebko, con 14 y 16 puntos respectivamente.

Como advertían nuestros chicos de Drafteados, los de Salt Lake City disfrutan, a priori, de uno de los calendarios más asequibles de aquí a final de temporada.

Cuatro encuentros que se presumen plácidos de manera consecutiva —Suns, Kings, Hawks y Mavs— y luego tres huesos que pueden ser cruciales para disputar o no los playoffs: Spurs, Warriors y Celtics.


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