Serie ‘Origen de las franquicias NBA’: viaje en cohete hacia Houston

Proseguimos con nuestro viaje a la historia de la NBA en esta nueva entrega sobre el origen de las distintas franquicias que componen la competición. En él nos sumergiremos en décadas pasadas para adentrarnos en diversos aspectos como la fundación del equipo, el origen de su nombre y los posibles traslados que se hayan dado. Es decir, arrojar algo de luz sobre la etapa primigenia de cada una de ellas. En el artículo de hoy, los Houston .

Primera entrega: Utah Jazz

Segunda entrega: Dallas Mavericks

Tercera entrega: Atlanta Hawks

Cuarta entrega: Memphis Grizzlies


Walter Kennedy era un hombre con una determinación inquebrantable y una capacidad de adaptación al medio camaleónica. Una malformación tras sufrir de polio durante su infancia lo había incapacitado para competir profesionalmente pero no evitó que se convirtiera en un ávido aficionado al deporte, disciplina a la que había dedicado toda su vida. Todo lo necesario para convertirse en un auténtico ‘todoterreno’ lo había aprendido durante sus años como Director de Publicidad en la antigua BAA y de los majestuosos Harlem Globetrotters. Posteriormente, había sido alcalde de su Stamford natal. No solo sabía cómo funcionaba el negocio, sino que sabía venderlo muy bien. Cuando la NBA lo eligió como comisionado en 1963, la competición tan solo contaba con nueve franquicias, una cobertura televisiva ínfima y un seguimiento en pista nefasto. Cuando dejó su puesto en manos de Larry O’Brien doce años después, 18 equipos componían la liga, se habían firmado numerosos acuerdos televisivos y los ingresos globales se habían triplicado.

Así, no le costó demasiado convencer a Robert Breitbard de que era hora de convertir a San Diego en una ciudad NBA. La realidad era que Kennedy se había quedado enamorado del ferviente apoyo recibido por los San Diego Gulls de la WHL, de los que Breitbard era propietario. Y la otra gran verdad era que el comisionado buscaba añadir otros equipos en el oeste de Estados Unidos, donde, por aquel entonces, solo figuraban los Lakers y los Warriors. Y San Diego, una ciudad que se encontraba en pleno crecimiento económico y demográfico era el lugar idóneo para instalar un nuevo equipo. Tras una serie de reuniones no demasiado largas, Breitbard pagó casi dos millones de dólares para que el nuevo equipo se uniera a la liga en el draft de expansión de 1967 junto a los Seattle Supersonics.

Faltaba registrar el nombre de la franquicia y para ello se puso en marcha un concurso público en el que participaron cerca de diez mil personas. Un pequeño comité formado por los propietarios del equipo y un grupo de ilustres ciudadanos de San Diego fue el encargado de elegir el término ‘Rockets’ entre la desorbitada cantidad de nombres sugeridos, cerca del millar. El mismo fue seleccionado por el exponencial crecimiento vivido por la industria espacial en San Diego, urbe conocida por aquel entonces como ‘La Ciudad en Movimiento’. Entre otros proyectos, la empresa General Dynamics se encontraba desarrollando el programa Atlas con el fin de desarrollar cohetes de impulso para el lanzamiento de satélites y sondas espaciales.

Posteriormente, Breitbard mató dos pájaros de un tiro tras elegir al experimentado Jack McMahon como entrenador y general manager de los Rockets. McMahon aterrizaba en San Diego después de cuatro años como head coach de los Cincinatti Royals, con los que alcanzaría las Finales de División en las cuatro temporadas con el equipo. Previamente, había conquistado el anillo de 1958 como jugador de los St. Louis Hawks. Sin embargo, el trabajo se le acumularía en exceso y, un año después, Breitbard contrataría a Pete Newell como gerente general. McMahon se limitaría a ejercer como entrenador jefe.

En el draft de expansión, McMahon apostó por una plantilla que mezclaba jugadores veteranos con otros que acababan de recalar en la liga. Así, jugadores como Don Kojis, elegido All-Star en su primera temporada en San Diego, John Block, Johnny Green y Dave Gambee fueron las cabezas visibles del primer proyecto de los Rockets, mientras que Pat Riley, elegido en la séptima posición, se convertiría en la primera selección del draft en la historia de la franquicia.

El primer partido en la historia de los Rockets se disputó el 14 de octubre de 1967 en el San Diego International Sports Center. El equipo estrenó la temporada como local ante 8.000 aficionados con una ajustada derrota (99-98) ante los Hawks, el mismo rival que los ajusticiaría apenas tres días después (123-105) en similar escenario. Los Rockets finalizarían el curso con un balance de 15-67, lo que entonces suponía un récord negativo de derrotas. No solo eso, sino que la asistencia de aficionados cayó por debajo de lo esperado, provocando pérdidas financieras en los bolsillos de Breitbard.

En 1968, los Rockets vencerían en el cara o cruz con los Baltimore Bullets y seleccionarían a Elvin Hayes, de la Universidad de Houston, con la primera selección del draft. De aquella camada también recalaría en el equipo Rick Adelman, posteriormente entrenador de aquellos magníficos Kings de inicios de siglo. Dos años después, aprovecharían la prolífica promoción de 1970 para hacerse con los servicios de Rudy Tomjanovich y Calvin Murphy, quienes completarían toda su carrera en la franquicia. El propio Tomjanovich sería el entrenador de los Rockets que sumarían el primer campeonato de su historia un cuarto de siglo más tarde.

De la mano de Hayes, los Rockets firmarían su primera aparición en los playoffs pero perderían en Semifinales de División ante los Hawks en seis partidos. Posteriormente, el Hall of Fame Alex Hannum relevaría en el banquillo a McMahon, pero el equipo sería incapaz de firmar una nueva aparición en post-temporada.

A los malos resultados deportivos se unió una asistencia decreciente que hacía inviable la continuidad del proyecto. Así, Breitbard vendió el equipo en 1971 a la empresa Texas Sports Investments, dirigida por el agente inmobiliario Wayne Duddleston y el banquero Billy Goldberg. La transacción se realizó por una cantidad de 5,6 millones de dólares e, inmediatamente, se completó el traslado del equipo a la ciudad de Houston. Este destino facilitó la operación en diferentes ámbitos. En primer lugar, impulsó el proyecto de manera deportiva y económica. Y, por otro lado, aseguró la continuidad de la identidad del equipo. El denominativo ‘Rockets’ no solo no perdió ni un ápice de su significado, sino que adquirió una relevancia aún mayor ya que Houston es el hogar del Centro Especial Lyndon B. Johnson de la NASA. El primer pabellón en el que jugaron fue el Hofheinz Pavilion, casa de los Houston Cougars de la NCAA desde 1969. Y un tal Tex Winter, el primer técnico de los nuevos Rockets.

La NBA regresaría más tarde a San Diego, en 1978, cuando los Braves se mudaron desde Buffalo para  convertirse en los Clippers, nombre que mantienen en la actualidad. Mucho no duraría la odisea pues, en 1984, la franquicia haría las maletas rumbo a Los Angeles, donde no se han movido desde entonces.


Mientras dure la crisis por el coronavirus publicaremos diariamente varios contenidos independientes de la actualidad. Bucearemos en la historia de la NBA, tanto en la reciente, como en la de todas las décadas anteriores. Aprovecharemos este parón de la competición para conocer mejor a los equipos, los jugadores, los entrenadores, los directivos, los partidos llamativos, los pabellones y los equipos históricos por una u otra razón. Lo haremos aquí y en Extra nbamaniacs, lugar donde seguiremos publicando contenido especial libre de publicidad para que los lectores puedan seguir apoyándonos directamenteDe hecho este texto lo puedes leer en Extra nbamaniacs libre de publicidad y de paso puedes apoyar nuestro proyecto de forma directa siendo suscriptor.

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(Fotografía de portada de Stephen Dunn /Allsport)


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